Si eso te hace feliz…

En un debate sobre la felicidad, la persona más escéptica me preguntó:

—¿Y si no quiero ser feliz? ¿Qué pasa si quiero ser desdichada?

Yo le razoné:

—Sé desdichada, ¡si eso te hace feliz!

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Tal como da a entender el pequeño texto inicial, la felicidad tiene más que ver con aquello que creemos que nos da bienestar o buenas sensaciones. Cómo vivimos la vida y cómo somos se ha construido con nuestro pensamiento. Si nuestro pensamiento pone su foco en malos pensamientos, de ninguna manera podemos «ser» felices. Persistiendo en poner atención a todo lo bueno que hay en nosotros y en nuestra vida, la felicidad sólo puede ser una consecuencia.

Asume una virtud, si es que no la tienes.

William Shakespeare

Para ser una persona feliz, ¡actúa como si lo fueras! ¿Cómo actúa una persona feliz? No hay más que observar a los niños: hacen las cosas con entusiasmo, con alegría, experimentan las cosas con gran intensidad, no tienen prejuicios. Actuando de modo positivo y alegre, contagiaremos esa felicidad a los demás, y atraeremos a más personas positivas a nuestra vida.

Es posible que estés pensando que lo que propongo es algo difícil porque las preocupaciones y los problemas están ahí, en tu día a día. Ciertamente pueden tener un efecto desgastante en nuestra dosis de positivismo y en nuestra anhelada o maltrecha felicidad. Poco o nada nos han enseñado acerca de cómo encarar las situaciones negativas, pocas veces se hace hincapié en que se puede y se deben afrontar de forma positiva además de constructiva. Pocos problemas carecen de solución, y si de verdad no la tienen, tal vez sea un claro indicador de que ha llegado la hora de un cambio, de pasar página y a otra cosa.

Está demostrado que nuestro subconsciente dirige nuestras vidas, y también que no distingue entre una broma y algo real. Por ello es vital actuar «como sí»; en el tema que nos ocupa, actuar como si fuéramos felices. El mejor modo de grabar a fuego en nuestro subconsciente los esquemas de comportamiento y paradigmas más positivos, es «haciendo» cosas que conlleven algo bueno. Hacer con entusiasmo y gozo todo lo que tenemos que hacer en nuestras vidas. Desde los momentos de ocio con nuestros amigos y seres queridos hasta la realización y consecución de todos los desafíos que nos propone la vida o que nos proponemos nosotros mismos: metas profesionales, metas personales, etc.

Como dice el dicho «El que hace lo que puede no está obligado a más», y, además, le estamos comunicando a nuestro subconsciente que estamos viviendo intensamente, que estamos tomando acción y trabajando para superar obstáculos. Es entonces cuando tanto a nivel consciente como subconsciente, comenzamos a estar alineados con nosotros mismos, aprovechamos nuestra vida y nos sentimos felices. Es el mejor modo de que la felicidad sea lo normal en nuestras vidas.

Pongámonos a ello: la felicidad no es un fin, en realidad es un camino a recorrer; comportémonos con entusiasmo, como si ya fuéramos felices aunque no lo seamos, sólo de este modo aprenderemos a reconocer ese sendero luminoso y contagiaremos a otras personas.

Probemos a diario a sonreírnos a nosotros mismos usando un espejo, y casi mejor aún, sonriamos a los demás. ¿Quién sabe? Quizás haciendo esto estamos plantando la semilla de la felicidad en otras personas…

Amor eterno

Cuenta una leyenda Sioux que Toro Bravo y Nube azul fueron a ver al brujo de la tribu el día que se prometieron para pedir su bendición y consejo. Cuando llegaron a su tienda, el brujo, un anciano sabio de mirada sosegada y dulce, los observaba con gran atención.

El joven, el más valeroso y fuerte de los guerreros, comenzó a hablar para expresar una inquietud que les preocupaba.

Nos amamos profundamente y queremos que nuestro amor tome su forma definitiva casándonos. Pero ambos tenemos miedo de no estar juntos siempre. Por eso hemos pensado que quizá podría proporcionarnos un talismán que proteja nuestro amor y estemos juntos.

El anciano les miró pensativo al tiempo que sonreía, como si estuviera recordando algo. Unos instantes después, les dijo:

No existe talismán para eso, pero, tal vez haya algo que podáis hacer.

Los enamorados asintieron con gran expectación.

Nube azul, deberás ir al monte de la Libertad y escalarlo sin que nadie te acompañe, y deberás encontrar al halcón, capturarlo vivo y traerlo aquí.

La bella joven asintió. El sabio continuó hablando.

Toro Bravo, tú deberás desplazarte a la montaña de la Aceptación y deberás traer al águila más grande y hermosa que encuentres. Ambos tenéis tres días a partir de los primeros rayos de luz del nuevo día para realizar las misiones.

La pareja mostró su gratitud al anciano y se marcharon a descansar para partir al alba.

Al tercer día, los jóvenes llegaron triunfantes a la tienda del sabio. Ambos habían conseguido finalizar sus misiones con éxito, llevaban las aves. El anciano les saludó con una sonrisa y les dio la enhorabuena.

¿Ya estamos protegidos? preguntó Toro Bravo.
¿Nuestro amor durará toda la vida? —continuó Nube Azul.

No respondió el anciano. Falta la parte más importante. Para que alcancéis la protección que queréis, tenéis que atarlas por sus patas. Después, soltarlas para que vuelen.

Los enamorados ataron a las aves y acto seguido las dejaron en libertad. El águila y el halcón daban varios saltos tratando de volar pero al estar atadas no podían más que avanzar unos metros y caer.

Después de muchos intentos fallidos, las aves, cansadas y enfurecidas, comenzaron a atacarse. Antes de que se hicieran más daño, el anciano cortó la cuerda que las ataba para que pudieran volar y a continuación les dijo:

Tened siempre presente lo que acabáis de presenciar. Esto es lo que me pedisteis hace tres días. Estar siempre juntos, unidos… Sois el águila y el halcón. Si os atáis aunque sea por amor verdadero, no podréis volar o vivir vuestras vidas y, además, terminaréis haciéndoos daño sin que lo podáis evitar… Si queréis que vuestro amor dure para siempre, volad juntos, pero nunca atados…

Versión de Javier Martín de una historia sobre el Amor vista en redes sociales.

AvesVolando

¿A quién le das tu poder?

Se cuenta que estaba el filósofo Diógenes comiendo lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, el cual vivía muy bien porque adulaba continuamente al rey. Entonces, éste le dijo:

Si aprendieras a adular al rey, no tendrías que comer simples lentejas.

Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al rey replicó Diógenes.

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Vivimos en una época de incertidumbres y cambios a causa de la crisis. Una de las incertidumbres es para las personas que trabajan por cuenta ajena, que no saben cuándo la empresa donde realizan su trabajo prescindirá de ellos.

No hay nada como los momentos de máxima presión y estrés para que salga el verdadero carácter de las personas. Es por esto que la supuesta crisis hace que muchos descubran su auténtico potencial y prosperen, porque de forma innata deciden poner su foco sobre lo que pueden hacer y no sobre la crisis; en contrapartida, otras personas se descubren a sí mismas poniendo atención a su entorno, a lo que no depende de ellos y olvidan explorar su potencial, cayendo así en una espiral negativa en lo personal y en la que optan por responsabilizar a otros de sus desdichas y de su fracaso laboral.

Estas personas «negativas» dedican su tiempo y energía en prestar atención a lo que roban unos, a lo que engañan otros, a las trampas que hacen algunas empresas… Regalan su poder personal en pos de resaltar los pecados y malhacer de personas que sólo contribuyen a corroborar que la mejor forma de hacer las cosas es actuar de modo excelente, que el mejor modo de ser y actuar es ser la mejor versión de uno mismo.

Las reglas de este juego son las mismas para todos, y sin embargo, unas personas se hunden y otras salen a flote. Da qué pensar, ¿verdad?

La anécdota del principio pone de manifiesto que puede haber dos actitudes muy claras: la que da poder a otros y basa su actitud en otros, y la que asume el poder propio, porque asume que depende de uno mismo lo que se haga o deje de hacer, es decir, lo que se consiga.

En las redes sociales hay muchos comentarios sobre políticos, corrupciones en general y demás cuestiones relacionadas. ¿Realmente merece la pena poner el foco sobre estas cosas? ¿Para qué sirve?

Está bien conocer lo que se «cuece» en el país en el que vivimos, en el mundo, pero recrearse en ello nos aleja cada vez más de solucionar nuestra situación personal, y por extensión, de solucionar la situación general.

Os invito a que centréis vuestra atención en personas fuertes, valerosas y positivas que ponen su esfuerzo en crear y dirigir su vida, en sembrar las semillas que les proporcionarán sólo los frutos que quieren o necesitan, porque es el modo en el que os contagiaréis de esa actitud positiva que consigue cualquier cosa.

El único modo real de salir de todo tipo de crisis: Asumir tu propio poder…

La escalera de la vida

Imagina que estás en una escalera agarrado de la mano de una persona importante (tu pareja, tu amigo…). Mientras permanecéis en el mismo peldaño, es cómodo estar así. Si subes un escalón y la persona que está contigo prefiere mantenerse en el anterior, podéis seguir de igual manera sin problema.

Subes un escalón más, pero esta persona continúa sin querer subir. Ahora es un poco más difícil seguir tomados de la mano, ya que estáis un poco más lejos. Entonces subes otro escalón, y ahora es mucho más difícil seguir cogidos de la mano, porque la distancia que os separa ya es considerable.

Te das cuenta de que esta persona frena tu avance. Te gustaría que subiera contigo para no perderla, pero lamentablemente prefiere quedarse donde está.

Como quieres seguir avanzando, subes un escalón más… Y en ese momento te das cuenta de que no puedes seguir tomando de la mano a esta persona sin provocarte dolor al tener que estar estirándote al límite: la distancia que os separa es demasiado grande. Tomas conciencia de que mantenerte unido a esta persona duele y como es tan grande tu deseo de estar y avanzar juntos, tienes una lucha interna entre seguir avanzando o seguir unido a ella. Si sigues avanzando, no continuarás unido a esta persona, y si te quedas, te estancarás y no proseguirás tu camino.

Decides avanzar e intentar mantener el contacto… Pero inevitablemente, las manos se sueltan. Te paras un instante, te dan ganas de quedarte, lamentarte por lo que ha pasado e incluso piensas en retroceder para tratar de convencer a esta persona de que camine junto a ti, que te acompañe. Te planteas traicionar tu propia naturaleza y bajar al escalón inicial con tal de permanecer juntos, pero te das cuenta de que esto finalmente no sería bueno para ninguno de los dos. Acabas entendiendo que por doloroso que sea, lo mejor es seguir avanzando manteniendo la esperanza de que algún día ambos podáis estar al mismo nivel.

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Esta metáfora ilustra lo que sucede cuando inicias tu camino de crecimiento personal. En este camino, mientras avanzas hacia tu mejor versión, puede ocurrir que «pierdas» algunos amigos, a tu pareja, tu trabajo, etc., porque estas personas o situaciones ya no coinciden con tu nuevo modo de ser, con tu nueva vibración, así que de una manera u otra las nuevas circunstancias que se crean con tu cambio interno hace que cambie tu entorno.

Aunque con la mejor y más pura de las intenciones, trates de conservar a ciertas personas o situaciones en tu vida, verás que esto es prácticamente imposible: en tu avance cambiarás tu modo de ser, tus actitudes. Serás diferente, y por eso habrá personas que ya no serán compatibles contigo.

Llega un momento en que subir por «tu escalera» te convertirá en una mejor versión de ti, y aunque haya personas que desaparezcan de tu vida, encontrarás otras que sean afines a tu nueva forma de ser, personas que siguiendo también su proceso, están en un nivel similar al tuyo. En tu evolución y superación personal, alcanzarás niveles en los que no habrá apego, en los que el dolor será inevitable pero el sufrimiento opcional; niveles donde habrá amor y comprensión en su máxima expresión.

Así es la Vida, una escalera por la que podemos «bajar», «mantenernos» o «subir» y que sólo acabará el día que nos marchemos de este mundo, una escalera en la que nos iremos encontrando con personas en cada escalón.

Cada adversidad en tu vida sucede porque es parte de tu aprendizaje; cada ruptura se produce porque es necesario para tu evolución, al igual que cada nuevo encuentro. Es mejor dejar ir a aquellas circunstancias y/o personas con las que hemos dejado de compartir y abrazar las nuevas.

Tal vez algún día nos reencontremos con las personas que dejamos atrás…  Y si no nos reencontramos, la Vida nos proveerá de otras personas afines a nosotros.

Volver al amor

«Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.

Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.

Es nuestra luz, no la oscuridad, lo que más nos asusta.

Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?

En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?

Eres hijo del universo.

El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.

No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.

No solamente algunos de nosotros. Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.

Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás».

Marianne Williamson

Ciertamente, muchas veces tenemos más miedo a alcanzar lo que queremos, a ser felices, que a la infelicidad en sí misma.

Cuando nacemos, nuestra mente es como un papel en blanco en el que podemos plasmar historias sin límites, un lienzo donde podemos dibujar cualquier cosa, una piedra a esculpir para darle la forma que queramos, un diamante en bruto que se puede pulir para que brille al máximo de su potencial.

La diferencia, es que no importa lo que hayamos escrito en ese papel, no importa lo que hayamos dibujado en el lienzo, ni qué forma le hayamos dado a la piedra, ni cómo se haya pulido el diamante… Nuestra mente, consciente e inconsciente, se puede escribir, dibujar, esculpir o pulir tantas veces como queramos, tantas veces sea necesario hasta alcanzar nuestra mejor versión, hasta lograr nuestro máximo potencial.

Esa es la diferencia. Siempre podemos cambiar a mejor, disfrutar de la vida, dejar nuestro entorno mejor de lo que nos lo encontramos…

Porque sólo podemos cambiar el mundo si cambiamos nosotros. El mundo alcanzará su mejor versión cuando todos seamos nuestra mejor versión. La mejor manera de ayudar a nuestros semejantes, es ayudándonos a nosotros mismos a ser lo mejor que podamos ser…

Siempre podemos volver a nuestra verdadera esencia, a nuestro poder inconmensurable.

Siempre podemos volver al amor.

¿Qué ves?

Había un anciano muy sabio que disfrutaba pasando largos ratos sentado en la entrada de su pueblo, contemplando el impresionante paisaje y acompañado por algunas personas del lugar, a las que deleitaba con historias y cuestiones filosóficas de la vida. También era frecuente para el anciano hablar con los viajeros que pasaban por allí.

Cierta tarde, a la luz de un impresionante ocaso, se le acercó un viajero que le dijo:

—Buenas tardes. Estoy buscando donde establecerme y creo que este podría ser un buen lugar… Pero, dígame, ¿cómo es la gente de este pueblo?

—Buenas tardes. Antes de responderle, dígame por favor, ¿cómo eran las personas del lugar donde usted vivía?

—Egoístas, envidiosos… malas personas. – Contestó el viajero.

—Siento decirle que las personas que viven aquí son iguales a como describe. – Replicó el anciano.

El hombre agradeció la información y se marchó para seguir buscando.

Al día siguiente por la mañana, a la luz de los primeros rayos de luz que se colaban por entre los árboles del bosque cercano, una joven viajera se acercaba al lugar donde el anciano estaba junto con una de las personas del pueblo que más tiempo pasaba con él.

La viajera les saludó amablemente y expresó su admiración por tan bonito lugar. A continuación explicó que estaba buscando donde vivir un tiempo y preguntó cómo eran las personas que vivían en este pueblo.

—¿Cómo son las personas en la ciudad donde vivías? Preguntó el anciano.

—Maravillosas… Toda la gente que conocía era buena, generosa, honesta… Tenía muchos amigos, me ha costado mucho irme.

—Me alegra decirte que las personas de este lugar son exactamente como describes respondió el anciano con una amplia sonrisa.

—¡Muchas gracias señor! En ese caso estaré encantada de quedarme a vivir aquí.

Una vez la joven se marchó, la persona que estaba con el anciano esa mañana, y que también había estado la tarde anterior, no pudo evitar preguntar.

—No entiendo… El viajero de ayer por la tarde hizo la misma pregunta que la joven con la que acabamos de charlar, pero le has contestado justo lo contrario. ¿Por qué?

—Porque la interpretación de la realidad la hacemos a través de nuestras creencias, de cómo hemos aprendido a ser. Si una persona sólo ve lo malo de las personas con las que convivió, es prácticamente seguro que aquí o en cualquier otro lugar seguirá viendo las mismas cosas malas en los demás. Sin embargo, quien ve lo positivo de las personas, seguramente aquí o donde quiera que vaya, encontrará y verá con claridad personas buenas, o al menos, lo bueno que albergan…

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Es prácticamente inevitable que nos formemos una opinión de las personas con las que interactuamos, y aunque nos basemos en hechos objetivos, la mayoría de las veces (por no decir todas), lo que opinemos tiene mucho que ver con nuestro propio modo de ser.

Proyectamos en los demás nuestras cualidades y nuestros defectos, incluso cuando creemos que estamos siendo objetivos porque nos basamos en hechos, porque estos hechos objetivos también son nuestra forma de interpretar la realidad, y nuestro modo de interpretar la realidad se basa en nuestro modo de ser.

Mejoraremos nuestras relaciones no «etiquetando» a nadie, viendo a las personas como si fuera la primera vez, conservando, eso sí, la prudencia. Seremos infinitamente más justos, y conseguiremos relaciones de mejor calidad al no asignar a otros defectos que posiblemente no tienen, y aunque realmente los tengan, no les trataremos exaltando esos defectos.

Las virtudes y los defectos que ves con más claridad en los demás son el reflejo de una parte de ti…