Amor eterno

Cuenta una leyenda Sioux que Toro Bravo y Nube azul fueron a ver al brujo de la tribu el día que se prometieron para pedir su bendición y consejo. Cuando llegaron a su tienda, el brujo, un anciano sabio de mirada sosegada y dulce, los observaba con gran atención.

El joven, el más valeroso y fuerte de los guerreros, comenzó a hablar para expresar una inquietud que les preocupaba.

Nos amamos profundamente y queremos que nuestro amor tome su forma definitiva casándonos. Pero ambos tenemos miedo de no estar juntos siempre. Por eso hemos pensado que quizá podría proporcionarnos un talismán que proteja nuestro amor y estemos juntos.

El anciano les miró pensativo al tiempo que sonreía, como si estuviera recordando algo. Unos instantes después, les dijo:

No existe talismán para eso, pero, tal vez haya algo que podáis hacer.

Los enamorados asintieron con gran expectación.

Nube azul, deberás ir al monte de la Libertad y escalarlo sin que nadie te acompañe, y deberás encontrar al halcón, capturarlo vivo y traerlo aquí.

La bella joven asintió. El sabio continuó hablando.

Toro Bravo, tú deberás desplazarte a la montaña de la Aceptación y deberás traer al águila más grande y hermosa que encuentres. Ambos tenéis tres días a partir de los primeros rayos de luz del nuevo día para realizar las misiones.

La pareja mostró su gratitud al anciano y se marcharon a descansar para partir al alba.

Al tercer día, los jóvenes llegaron triunfantes a la tienda del sabio. Ambos habían conseguido finalizar sus misiones con éxito, llevaban las aves. El anciano les saludó con una sonrisa y les dio la enhorabuena.

¿Ya estamos protegidos? preguntó Toro Bravo.
¿Nuestro amor durará toda la vida? —continuó Nube Azul.

No respondió el anciano. Falta la parte más importante. Para que alcancéis la protección que queréis, tenéis que atarlas por sus patas. Después, soltarlas para que vuelen.

Los enamorados ataron a las aves y acto seguido las dejaron en libertad. El águila y el halcón daban varios saltos tratando de volar pero al estar atadas no podían más que avanzar unos metros y caer.

Después de muchos intentos fallidos, las aves, cansadas y enfurecidas, comenzaron a atacarse. Antes de que se hicieran más daño, el anciano cortó la cuerda que las ataba para que pudieran volar y a continuación les dijo:

Tened siempre presente lo que acabáis de presenciar. Esto es lo que me pedisteis hace tres días. Estar siempre juntos, unidos… Sois el águila y el halcón. Si os atáis aunque sea por amor verdadero, no podréis volar o vivir vuestras vidas y, además, terminaréis haciéndoos daño sin que lo podáis evitar… Si queréis que vuestro amor dure para siempre, volad juntos, pero nunca atados…

Versión de Javier Martín de una historia sobre el Amor vista en redes sociales.

AvesVolando

¿A quién le das tu poder?

Se cuenta que estaba el filósofo Diógenes comiendo lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, el cual vivía muy bien porque adulaba continuamente al rey. Entonces, éste le dijo:

Si aprendieras a adular al rey, no tendrías que comer simples lentejas.

Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al rey replicó Diógenes.

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Vivimos en una época de incertidumbres y cambios a causa de la crisis. Una de las incertidumbres es para las personas que trabajan por cuenta ajena, que no saben cuándo la empresa donde realizan su trabajo prescindirá de ellos.

No hay nada como los momentos de máxima presión y estrés para que salga el verdadero carácter de las personas. Es por esto que la supuesta crisis hace que muchos descubran su auténtico potencial y prosperen, porque de forma innata deciden poner su foco sobre lo que pueden hacer y no sobre la crisis; en contrapartida, otras personas se descubren a sí mismas poniendo atención a su entorno, a lo que no depende de ellos y olvidan explorar su potencial, cayendo así en una espiral negativa en lo personal y en la que optan por responsabilizar a otros de sus desdichas y de su fracaso laboral.

Estas personas «negativas» dedican su tiempo y energía en prestar atención a lo que roban unos, a lo que engañan otros, a las trampas que hacen algunas empresas… Regalan su poder personal en pos de resaltar los pecados y malhacer de personas que sólo contribuyen a corroborar que la mejor forma de hacer las cosas es actuar de modo excelente, que el mejor modo de ser y actuar es ser la mejor versión de uno mismo.

Las reglas de este juego son las mismas para todos, y sin embargo, unas personas se hunden y otras salen a flote. Da qué pensar, ¿verdad?

La anécdota del principio pone de manifiesto que puede haber dos actitudes muy claras: la que da poder a otros y basa su actitud en otros, y la que asume el poder propio, porque asume que depende de uno mismo lo que se haga o deje de hacer, es decir, lo que se consiga.

En las redes sociales hay muchos comentarios sobre políticos, corrupciones en general y demás cuestiones relacionadas. ¿Realmente merece la pena poner el foco sobre estas cosas? ¿Para qué sirve?

Está bien conocer lo que se «cuece» en el país en el que vivimos, en el mundo, pero recrearse en ello nos aleja cada vez más de solucionar nuestra situación personal, y por extensión, de solucionar la situación general.

Os invito a que centréis vuestra atención en personas fuertes, valerosas y positivas que ponen su esfuerzo en crear y dirigir su vida, en sembrar las semillas que les proporcionarán sólo los frutos que quieren o necesitan, porque es el modo en el que os contagiaréis de esa actitud positiva que consigue cualquier cosa.

El único modo real de salir de todo tipo de crisis: Asumir tu propio poder…

La escalera de la vida

Imagina que estás en una escalera agarrado de la mano de una persona importante (tu pareja, tu amigo…). Mientras permanecéis en el mismo peldaño, es cómodo estar así. Si subes un escalón y la persona que está contigo prefiere mantenerse en el anterior, podéis seguir de igual manera sin problema.

Subes un escalón más, pero esta persona continúa sin querer subir. Ahora es un poco más difícil seguir tomados de la mano, ya que estáis un poco más lejos. Entonces subes otro escalón, y ahora es mucho más difícil seguir cogidos de la mano, porque la distancia que os separa ya es considerable.

Te das cuenta de que esta persona frena tu avance. Te gustaría que subiera contigo para no perderla, pero lamentablemente prefiere quedarse donde está.

Como quieres seguir avanzando, subes un escalón más… Y en ese momento te das cuenta de que no puedes seguir tomando de la mano a esta persona sin provocarte dolor al tener que estar estirándote al límite: la distancia que os separa es demasiado grande. Tomas conciencia de que mantenerte unido a esta persona duele y como es tan grande tu deseo de estar y avanzar juntos, tienes una lucha interna entre seguir avanzando o seguir unido a ella. Si sigues avanzando, no continuarás unido a esta persona, y si te quedas, te estancarás y no proseguirás tu camino.

Decides avanzar e intentar mantener el contacto… Pero inevitablemente, las manos se sueltan. Te paras un instante, te dan ganas de quedarte, lamentarte por lo que ha pasado e incluso piensas en retroceder para tratar de convencer a esta persona de que camine junto a ti, que te acompañe. Te planteas traicionar tu propia naturaleza y bajar al escalón inicial con tal de permanecer juntos, pero te das cuenta de que esto finalmente no sería bueno para ninguno de los dos. Acabas entendiendo que por doloroso que sea, lo mejor es seguir avanzando manteniendo la esperanza de que algún día ambos podáis estar al mismo nivel.

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Esta metáfora ilustra lo que sucede cuando inicias tu camino de crecimiento personal. En este camino, mientras avanzas hacia tu mejor versión, puede ocurrir que «pierdas» algunos amigos, a tu pareja, tu trabajo, etc., porque estas personas o situaciones ya no coinciden con tu nuevo modo de ser, con tu nueva vibración, así que de una manera u otra las nuevas circunstancias que se crean con tu cambio interno hace que cambie tu entorno.

Aunque con la mejor y más pura de las intenciones, trates de conservar a ciertas personas o situaciones en tu vida, verás que esto es prácticamente imposible: en tu avance cambiarás tu modo de ser, tus actitudes. Serás diferente, y por eso habrá personas que ya no serán compatibles contigo.

Llega un momento en que subir por «tu escalera» te convertirá en una mejor versión de ti, y aunque haya personas que desaparezcan de tu vida, encontrarás otras que sean afines a tu nueva forma de ser, personas que siguiendo también su proceso, están en un nivel similar al tuyo. En tu evolución y superación personal, alcanzarás niveles en los que no habrá apego, en los que el dolor será inevitable pero el sufrimiento opcional; niveles donde habrá amor y comprensión en su máxima expresión.

Así es la Vida, una escalera por la que podemos «bajar», «mantenernos» o «subir» y que sólo acabará el día que nos marchemos de este mundo, una escalera en la que nos iremos encontrando con personas en cada escalón.

Cada adversidad en tu vida sucede porque es parte de tu aprendizaje; cada ruptura se produce porque es necesario para tu evolución, al igual que cada nuevo encuentro. Es mejor dejar ir a aquellas circunstancias y/o personas con las que hemos dejado de compartir y abrazar las nuevas.

Tal vez algún día nos reencontremos con las personas que dejamos atrás…  Y si no nos reencontramos, la Vida nos proveerá de otras personas afines a nosotros.

Volver al amor

«Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados.

Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.

Es nuestra luz, no la oscuridad, lo que más nos asusta.

Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?

En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?

Eres hijo del universo.

El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.

No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.

No solamente algunos de nosotros. Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.

Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás».

Marianne Williamson

Ciertamente, muchas veces tenemos más miedo a alcanzar lo que queremos, a ser felices, que a la infelicidad en sí misma.

Cuando nacemos, nuestra mente es como un papel en blanco en el que podemos plasmar historias sin límites, un lienzo donde podemos dibujar cualquier cosa, una piedra a esculpir para darle la forma que queramos, un diamante en bruto que se puede pulir para que brille al máximo de su potencial.

La diferencia, es que no importa lo que hayamos escrito en ese papel, no importa lo que hayamos dibujado en el lienzo, ni qué forma le hayamos dado a la piedra, ni cómo se haya pulido el diamante… Nuestra mente, consciente e inconsciente, se puede escribir, dibujar, esculpir o pulir tantas veces como queramos, tantas veces sea necesario hasta alcanzar nuestra mejor versión, hasta lograr nuestro máximo potencial.

Esa es la diferencia. Siempre podemos cambiar a mejor, disfrutar de la vida, dejar nuestro entorno mejor de lo que nos lo encontramos…

Porque sólo podemos cambiar el mundo si cambiamos nosotros. El mundo alcanzará su mejor versión cuando todos seamos nuestra mejor versión. La mejor manera de ayudar a nuestros semejantes, es ayudándonos a nosotros mismos a ser lo mejor que podamos ser…

Siempre podemos volver a nuestra verdadera esencia, a nuestro poder inconmensurable.

Siempre podemos volver al amor.

¿Qué ves?

Había un anciano muy sabio que disfrutaba pasando largos ratos sentado en la entrada de su pueblo, contemplando el impresionante paisaje y acompañado por algunas personas del lugar, a las que deleitaba con historias y cuestiones filosóficas de la vida. También era frecuente para el anciano hablar con los viajeros que pasaban por allí.

Cierta tarde, a la luz de un impresionante ocaso, se le acercó un viajero que le dijo:

—Buenas tardes. Estoy buscando donde establecerme y creo que este podría ser un buen lugar… Pero, dígame, ¿cómo es la gente de este pueblo?

—Buenas tardes. Antes de responderle, dígame por favor, ¿cómo eran las personas del lugar donde usted vivía?

—Egoístas, envidiosos… malas personas. – Contestó el viajero.

—Siento decirle que las personas que viven aquí son iguales a como describe. – Replicó el anciano.

El hombre agradeció la información y se marchó para seguir buscando.

Al día siguiente por la mañana, a la luz de los primeros rayos de luz que se colaban por entre los árboles del bosque cercano, una joven viajera se acercaba al lugar donde el anciano estaba junto con una de las personas del pueblo que más tiempo pasaba con él.

La viajera les saludó amablemente y expresó su admiración por tan bonito lugar. A continuación explicó que estaba buscando donde vivir un tiempo y preguntó cómo eran las personas que vivían en este pueblo.

—¿Cómo son las personas en la ciudad donde vivías? Preguntó el anciano.

—Maravillosas… Toda la gente que conocía era buena, generosa, honesta… Tenía muchos amigos, me ha costado mucho irme.

—Me alegra decirte que las personas de este lugar son exactamente como describes respondió el anciano con una amplia sonrisa.

—¡Muchas gracias señor! En ese caso estaré encantada de quedarme a vivir aquí.

Una vez la joven se marchó, la persona que estaba con el anciano esa mañana, y que también había estado la tarde anterior, no pudo evitar preguntar.

—No entiendo… El viajero de ayer por la tarde hizo la misma pregunta que la joven con la que acabamos de charlar, pero le has contestado justo lo contrario. ¿Por qué?

—Porque la interpretación de la realidad la hacemos a través de nuestras creencias, de cómo hemos aprendido a ser. Si una persona sólo ve lo malo de las personas con las que convivió, es prácticamente seguro que aquí o en cualquier otro lugar seguirá viendo las mismas cosas malas en los demás. Sin embargo, quien ve lo positivo de las personas, seguramente aquí o donde quiera que vaya, encontrará y verá con claridad personas buenas, o al menos, lo bueno que albergan…

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Es prácticamente inevitable que nos formemos una opinión de las personas con las que interactuamos, y aunque nos basemos en hechos objetivos, la mayoría de las veces (por no decir todas), lo que opinemos tiene mucho que ver con nuestro propio modo de ser.

Proyectamos en los demás nuestras cualidades y nuestros defectos, incluso cuando creemos que estamos siendo objetivos porque nos basamos en hechos, porque estos hechos objetivos también son nuestra forma de interpretar la realidad, y nuestro modo de interpretar la realidad se basa en nuestro modo de ser.

Mejoraremos nuestras relaciones no «etiquetando» a nadie, viendo a las personas como si fuera la primera vez, conservando, eso sí, la prudencia. Seremos infinitamente más justos, y conseguiremos relaciones de mejor calidad al no asignar a otros defectos que posiblemente no tienen, y aunque realmente los tengan, no les trataremos exaltando esos defectos.

Las virtudes y los defectos que ves con más claridad en los demás son el reflejo de una parte de ti…

Hagamos que valga la pena

OJALÁ…

… hubiera vivido a mi manera.

Muchas personas a punto de morir, se quejan de no haber sido suficientemente valientes para vivir de manera fiel a sí mismos, fueron más fieles a lo que los demás esperaban de ellos. En estos momentos previos a su muerte, se hacen conscientes de que han desperdiciado el tiempo, ven claramente cuántos sueños se han quedado en el camino por las decisiones que habían tomado.

 

… no hubiera trabajado tanto.

Ésta es la frase más repetida por hombres. Muchos hombres se lamentan por no haber estado más presentes en la infancia y juventud de sus hijos, y también de no haber disfrutado más de la compañía de su pareja. Conscientes de su inminente muerte, es cuando comprenden de verdad que la vida no debe basarse exclusivamente en el trabajo.

 

… hubiera tenido la valentía de expresar mis sentimientos.

Con gran frecuencia, muchas personas renuncian a sus sueños e ideales por el supuesto «bien» de los demás. Entre otras cosas, ocultan sus sentimientos porque creen que de esta manera se conserva la paz de su entorno. Lo que obtienen con esta actitud es vivir sin alcanzar la felicidad porque no son o no hacen lo que quieren en realidad, lo cual les provoca sentimientos negativos que se acaban somatizando.

 

… hubiera mantenido el contacto con mis amigos.

Se acuerdan de sus amigos y les produce una gran pena no haber sabido mantener esa amistad con el paso del tiempo.

 

… hubiera sabido ser feliz y disfrutar más y mejor de la vida.

Muchas personas no se dan cuenta hasta que tienen la muerte al lado que la felicidad es en realidad una elección. Es entonces cuando toman conciencia de que han vivido atascados en patrones de conducta, hábitos y creencias limitantes. La zona de comodidad, por su propia naturaleza, es incompatible a largo plazo con nuestra salud emocional y mental.

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Los cinco lamentos o arrepentimientos de personas a punto de morir que acabo de exponer y comentar, las puso de manifiesto en un artículo Bronnie Ware, una escritora australiana que trabajó muchos años cuidando de enfermos desahuciados, tratando de hacerles más llevadero y agradable el tiempo que les quedaba de vida. Después del artículo escribió un libro, The top five regrets of the dying (Los cinco principales remordimientos de los moribundos).

«Las personas maduran mucho cuando se enfrentan a su mortalidad», comenta Bronnie Ware.

Curiosamente, entre las personas moribundas que cuidó, nadie mencionó arrepentirse de no haber probado experiencias extremas del tipo tirarse en paracaídas, hacer puenting, el sexo, etc. Tampoco les importaba no haber hecho cosas como plantar un árbol o escribir un libro.

Al parecer las personas que están a punto de morir muestran gran claridad en sus pensamientos y sabiduría. Está en nuestras manos tomar nota de lo que dicen estas personas, conscientes más que nadie de la mortalidad humana.

En general, las personas más jóvenes no solemos pensar en la muerte y si lo hacemos, la creemos demasiado lejana o nos parece algo abstracto. Por eso pensamos, creemos o sentimos de forma implícita que tenemos todo el tiempo del mundo para hacer, deshacer y arreglar las cosas. Seguro que las personas que cuidó Bronnie también pensaron lo mismo en su momento.

Por eso nunca está de más recordar que para nosotros también acabará pasando el tiempo. Lo que no es tan obvio, es qué opinaremos o qué nos hará sentir el recuerdo de nuestras vidas cuando seamos viejos y tengamos la muerte más cerca, si estaremos satisfechos y orgullosos con lo que hemos hecho y con nuestros amigos y familiares. Y esto suponiendo que lleguemos a cumplir muchos años…

No debería ser necesario recordar que la vida apenas es un suspiro en la eternidad del universo. ¿Y qué es la eternidad?

Imagina que un pajarillo se posa cada día en la cima de una montaña. Cuando ese u otros pájaros posándose cada día en la cima de la montaña, hicieran que ésta se desgastase, ni siquiera entonces habría comenzado la eternidad…

Así de efímera es nuestra existencia.

Hagamos que valga la pena.

Vida