Dic 24 2017

Los hermanos.

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Se cuenta que había dos hermanos que decidieron trabajar las tierras que habían heredado de sus padres. Dividieron el terreno en partes iguales y construyeron sus casas allí. Poco después comenzaron a sembrar y cosechar. Así se ganaban la vida.

El hermano más joven se casó, tuvo muchos hijos y vivía muy feliz con ellos y su mujer. El hermano mayor vivía solo, aunque a su manera también estaba muy bien.

Un día el hermano mayor se encontraba disfrutando de una magnífica comida con su hermano, su cuñada y sus numerosos sobrinos, a los cuales adoraba.

Esto le dio qué pensar al hermano mayor. Se repartían los frutos de su trabajo a partes iguales, y aunque esto en principio fue justo, llegó a la conclusión de que su hermano ahora tenía mujer e hijos que mantener, mientras que él vivía solo y podía arreglarse con mucho menos, así que decidió comenzar a darle a su hermano parte de sus cosechas, pero lo haría por la noche, cuando su hermano no se diera cuenta porque estaba seguro de que no le permitiría hacer eso, ya que ambos tenían una excelente relación y se querían mucho.

Curiosamente, ese mismo día, viendo como su querido hermano jugaba con sus hijos, el hermano más joven pensó que era muy probable que su hermano siguiera viviendo solo y sin hijos cuando fuera viejo, así que llegó a la conclusión de que lo justo era que se quedase con más cantidad de las cosechas para que así pudiera vender más y juntar más dinero para su jubilación por si se confirmaban sus sospechas y no tuviera a nadie que le cuidase para entonces. También tenía la certeza de que no le dejaría hacerlo, así que empezó a llevar parte de su trabajo al almacén de su hermano también por la noche para que no se diera cuenta.

Pronto ambos comenzaron a constatar que la cantidad de sus cosechas almacenadas no variaba aunque le daban al otro parte de su trabajo, y aunque intuían lo que podía estar pasando, fue una noche en la que ambos coincidieron haciendo lo mismo cuando quedó completamente claro: los dos estaban tratando de ayudarse.

Entonces se dieron un gran abrazo y no pronunciaron palabra alguna. Los hechos eran mucho más elocuentes…

. . . . . .

En Navidad siempre se ensalzan los valores como la fraternidad, la amistad, el amor… porque estas fechas son sinónimo de ello.

Para muchas personas el mundo no es siempre un lugar amable ni amoroso. Pueden argumentar que suceden cosas crueles y de difícil justificación desde un punto de vista puramente terrenal, y tienen su razón.

Para los que creen que la bondad o el amor no abundan,  para los que creen que la fraternidad es una “tontería”, cosas que no tienen que ver con el “mundo real”, es necesario recordarles que este tipo de actitudes, o mejor dicho, sentimientos, son absolutamente necesarios para que podamos prosperar y crecer, tanto a nivel individual como global. Es una obviedad: sólo desde sentimientos elevados generaremos actitudes del mismo signo y conviviremos mejor.

La mezquindad y similares son “lujos” que no nos podemos permitir si queremos vivir plenamente y de la mejor manera posible. Que el espíritu navideño perdure cada día del año en cada uno de nosotros.

¡Felices Fiestas! 🙂

Feb 14 2017

El lobo y la rosa

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El invierno más crudo e intenso se apoderó del precioso bosque al lado del pueblo.

De nuevo el frío propició que se convirtieran en aliados y amigos. Como cada invierno, no quedaban apenas animales en el bosque excepto ellos. Los demás animales se marchaban o morían ante el frío, pero el lobo era capaz de estar mucho tiempo sin comer y el cuervo encontraba comida en sus numerosos vuelos. Además, ambos se ayudaban mutuamente para robar comida a los humanos que pasaban por allí.

Una vez más, el lobo y el cuervo eran testigos de los primeros rayos de sol que auguraban otro espectacular amanecer.

El lobo caminaba silenciosamente, sus patas se hundían en la nieve mientras apenas se escuchaba el revoloteo del cuervo al pasar de una rama a otra. No permitían que el frío les venciera a diferencia de los otros animales. Ellos creían que podían sobrevivir y por eso siempre encontraban el modo de burlar el frío y alimentarse. Mantenían conversaciones que mitigaban su soledad y les hacía olvidarse de tan precaria situación.

”Qué raro, a esta hora ya debería haber aparecido la Muerte.” – Comentó el cuervo observando los primeros rayos de sol.

”Estará por aquí cerca a punto de llevarse el alma de algún desdichado.” – Respondió el lobo.

Unos minutos después vieron a la Muerte con un conejo  que no podía moverse.

“¡Os suplico que me ayudéis! ¡Salvadme de la muerte y os ayudaré a encontrar comida cada día!” – Suplicó el conejo.

“Lo siento, pero no necesitamos tu ayuda. Sabemos cómo sobrevivir al invierno y encontrar comida.” – Respondió el lobo.

El conejo les miró con gran tristeza mientras la Muerte levantó su guadaña para quitarle la vida.

Poco después, el lobo, el cuervo y la Muerte caminaron sin rumbo por el bosque. Al anochecer, como todos los días, la Muerte se despidió de ellos y prosiguió su camino hacia el pueblo.

A la mañana siguiente el lobo y el cuervo volvieron a caminar juntos a través del bosque helado.

“Parece que hoy también se retrasa la Muerte.” – Dijo el cuervo.

“Estará con algún moribundo a punto de morir.” – Respondió el lobo.

Un poco más adelante encontraron a la Muerte junto a un viejo ciervo tumbado en la nieve. Al verlos llegar, el ciervo les observó, pero no les pidió ayuda para escapar de las garras de la muerte. El lobo, extrañado, le preguntó:

”¿No nos vas a pedir que te ayudemos a vivir?”

— “Soy demasiado viejo y estoy enfermo. Es mi hora. No hay motivo para escapar de lo que a todos nos alcanza.”

El lobo lo miró con compasión a la vez que asintió con la cabeza.

”Es la hora.” – Dijo entonces la Muerte, y moviendo su siniestra guadaña, segó el alma del ciervo, cuya cabeza cayó suavemente sobre la nieve como si se hubiera quedado dormido plácidamente.

Instantes después, los tres se alejaron caminando lentamente a través del bosque. Al anochecer, la Muerte se despidió de ellos y como cada día siguió su camino hacia el pueblo.

A la mañana siguiente, el cuervo hizo notar nuevamente que no había aparecido la Muerte a la hora acostumbrada.

”Habrá vuelto a encontrar otro animal al que llevarse.” – Respondió el lobo.

”Me extrañaría, creo que aparte de nosotros no quedan más animales en el bosque.”

Unos pasos después vieron a lo lejos en un claro del bosque algo de color rojo muy llamativo. Se acercaron para indagar y descubrieron una preciosa flor entre la nieve. Les extrañó mucho porque no es natural que crezca una flor en esas condiciones. Se acercaron y se quedaron maravillados con su belleza.

— “¿Qué eres? Jamás había visto una flor como tú.” – Preguntó el lobo.

— “Soy una rosa. Las de mi especie no crecemos en el bosque. Una niña me trajo aquí hace un rato y me plantó.”

“Morirás en este lugar, el frío te congelará y te matará.” – Dijo el cuervo con tono serio.

El lobo la miró con compasión y admiración por su inusitada belleza, al tiempo que dio media vuelta y se marchó con el cuervo.

Esa noche antes de despedirse el lobo y el cuervo, comentaron sobre lo raro que había sido que no apareciera la Muerte ese día. El cuervo se marchó volando hacia su rama preferida para pasar la noche y el lobo se quedó pensativo. No paraba de pensar en la flor que habían encontrado.

Entonces fue hasta donde habían encontrado a la rosa. Seguía allí, preciosa, y la luz de la luna llena parecía hacerla brillar. Ella se dio cuenta de la presencia del lobo.

“¿Qué haces aquí lobo?” – Preguntó con gran curiosidad la rosa.

”He venido a mirarte”.

—  ”¿Por qué?”

—  “Eres muy bonita, no te pareces al resto del bosque. No hay nada bonito por aquí y menos ahora que está cubierto por la nieve.”

“Hay muchas cosas bellas en este bosque y algunas cosas incluso se ven más bonitas con la nieve.”

—  “Tal vez… Pero hay algo en ti que me atrae. Y siento una gran tristeza, porque vas a morir en las próximas horas. Creo que he venido porque morirás pronto y quería volver a verte por última vez.” – Dijo con sentimiento el lobo.

”Sálvame.”

El lobo sintió que algo se desgarraba dentro de él y retrocedió unos pasos, asustado.

”No puedo.” – Respondió con tristeza.

”Sí… sí que puedes… Llévame al lugar del que me trajeron, donde nací y vivía, la casa más grande del pueblo. No viviré mucho más, pero al menos no moriré de frío y moriré en casa cerca de los que quiero.”

Mientras hablaba al lobo, la rosa lo miraba emocionada. Él conmovido completamente, comenzó a pensar en lo que le propuso la rosa. No importaba cómo lo enfocara y en cómo lo pensara hacer, era un plan extremadamente peligroso para él. Si se metía en el pueblo le intentarían matar en cuanto le vieran.

Entonces comenzó a nevar. Los copos de nieve caían despacio y en círculos. Parecían bailar en torno a la rosa, que temblaba ante el intenso frío y brillaba con la luz de la luna. El lobo la miraba mientras pensaba que aunque la salvara esa noche, ella no viviría mucho tiempo. A pesar de que nunca había sentido antes algo así por nadie, estaba seguro de que jamás volvería a sentir algo parecido…

”Sálvame por favor.” – Le susurró la rosa.

En ese momento el lobo escuchó un sonido familiar al que le había perdido el miedo. Se giró y vio a la Muerte observando entre los árboles cercanos. Ella se acercó y se quedó mirando a la rosa. La rosa perdió el conocimiento probablemente por el gélido viento que comenzó a soplar.

”¿Has venido a por ella?” – Preguntó el lobo muy triste.

La muerte tardó unos instantes en responder, como si le costase encontrar la respuesta.

”Depende de ti.”

”¿Por qué? ¿Puedo salvarla?”

El viento dejó de soplar repentinamente, quedando un silencio casi total. Segundos después, la Muerte inclinó muy despacio su cabeza, asintiendo.

”Has de saber que si la llevas de regreso al pueblo, morirás.” – Sentenció la Muerte hablando muy despacio – “Hoy tengo que llevarme una vida y casi ha llegado su hora. Sea como sea, debo llevarme un alma hoy.”

El lobo se giró hacia la luna y aulló con todas sus fuerzas como tratando de deshacerse de un gran sentimiento de pena. Luego miró con dulzura a la rosa y se acercó a ella tratando de darle un poco de calor. Cerró los ojos y respiró profundamente tomando una decisión. Cuando los abrió, vio que ella le estaba devolviendo la mirada.

Epílogo

Cuentan que un día un lobo entró al pueblo atravesándolo hasta llegar a la casa más grande, que durante su carrera lo hirieron de muerte, pero que siguió corriendo con todas sus fuerzas y entró por la ventana principal de la casa.

Cuentan que llevaba una rosa roja en su boca y que la dejó caer en las manos de una niña antes de seguir huyendo.

Cuentan que llegó hasta donde comienza el bosque y que entonces se desplomó sobre el suelo en su último aliento.

Cuentan que cuando los cazadores se acercaron a recoger el cuerpo del lobo vieron una especie de silueta oscura que se alejaba y se fundía entre las sombras del bosque.

Cuentan que desde ese día, cada amanecer, un cuervo baja volando y se posa en el lugar donde el lobo murió.

. .

Mucho tiempo después, el cuervo seguía su periplo invernal por el bosque, solo. Al final del invierno, otra vez, no quedaba nadie vivo, excepto él. Todos los animales morían o huían, pero el cuervo sabía encontrar comida observando mientras volaba y también sabía cómo robársela a los humanos.

Sí, el cuervo sobrevivía. No cometía errores. No se enamoraba. Estaba vivo, pero estaba solo.

Una vez más, el cuervo era testigo de los primeros rayos de sol que auguraban otro espectacular amanecer…

Versión escrita por mí de la fábula “La rosa y el lobo”.

Dic 06 2016

Una buena vida.

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Siguiendo el consejo de su prestigioso médico, un exitoso y acaudalado empresario se fue a descansar a un pequeño y encantador pueblo costero.

Aunque se había tomado su tiempo en elegir al directivo con más experiencia para delegar su trabajo, no podía dormir pensando en su empresa, así que antes de los primeros rayos de sol se fue a dar un paseo por la costa. Cuando llegó al muelle se encontró con un pescador que acababa de llegar en su barco. Observó con gran asombro la cantidad de pescado que desbordaba la embarcación.

Después de felicitarle por tan buen trabajo, el empresario comenzó a charlar con el pescador.

“Buenos días señor. Mis más sinceras felicitaciones por tan buena faena. ¿Le ha llevado mucho tiempo pescar tanta cantidad? ¡Además son muy grandes!”

“Buenos días caballero. Algo más de dos horas.” – Respondió el pescador.

“¿Siempre logra tan buenos resultados en tan poco tiempo?” – Preguntó con gran curiosidad el empresario.

“No está bien que yo lo diga, pero soy la envidia de otros pescadores. Suelo conseguir en muy poco tiempo cantidad y calidad en mis faenas.”

“¿Y por qué no se queda más tiempo pescando?”

“La verdad es que con esto tengo más que suficiente para vivir bien.” – Respondió con una gran sonrisa el pescador.

“¿Y qué hace con tanto tiempo libre?” – Inquirió el empresario tratando de disimular una ligera indignación.

“Le voy a contar un poco de mi día a día: Después de vender el pescado aún es muy temprano, así que cuando llego a casa le preparo el desayuno a mi mujer y luego voy a despertarla con un gran abrazo. Paso la mañana realizando algunas labores de la casa, también me da tiempo para mis aficiones: leer, escribir, hacer ejercicio, grabar vídeos sobre pesca que subo a YouTube… Después de comer disfruto de una siesta, luego voy a buscar a mis hijos al colegio, les llevo a casa, les ayudo a hacer sus deberes, y aún me da tiempo para hacer otras cosas. Por las noches quedo con mis amigos para jugar a las cartas o tener amenas tertulias. Según el día hago lo que toca y lo que me apetece. En definitiva, trato de disfrutar y aprovechar mi tiempo libre de cada jornada. Tengo una buena vida.”

El empresario, se quedó pensativo unos instantes. Luego esbozó una sonrisa, y con tono confiado y autoritario, dijo:

“Permítame señor. Como usted decía antes, no está bien que yo lo diga, pero soy un empresario que ha logrado grandes cosas en mi sector. Tengo una dilatada experiencia en los negocios, y no ha habido proyecto en el que no haya alcanzado la excelencia. Por eso creo que estoy en disposición de darle algún buen consejo para mejorar su situación, si usted quiere.”

— “Claro, le agradezco su interés. Cuénteme.”

— “Mire, creo que debería aprovechar ese tiempo que tiene libre, que es mucho, y visto que tiene una gran capacidad para la pesca, podría comprar un barco más grande y comenzar a pescar durante más tiempo más cantidad. Luego podría empezar a contratar a otros pescadores y sistematizar su proceso de pesca, que al parecer es óptimo, para que lo pudieran hacer varias personas. De este modo, en… quizá un par de años… para ser más preciso tendría que estudiar su caso con más profundidad, podría comprar más barcos, hacer una flota utilizando el mismo sistema, y así de este modo ganar mucho más dinero, que podría seguir reinvirtiendo para optimizar aún más el sistema, los costes y los beneficios.

Por supuesto, en lugar de vender su producción a intermediarios, con las grandes ganancias conseguidas podría comprar su propio almacén para enlatar el pescado, y así vender directamente al consumidor final, con lo que aumentarían aún más sus beneficios. Esto conllevaría que tendría que ir a vivir a la capital donde pondría la sede de su empresa, y la dirigiría con un buen equipo directivo…”

El pescador no pudo evitar interrumpir el impetuoso alegato del empresario.

“Pero dígame, ¿cuánto tiempo tardaría en llegar a ese punto?”

— “Puede que diez o quizá quince años como mucho.”

— “¿Y qué pasará cuando logre todo eso?”

El empresario esbozó una gran sonrisa y se apresuró a contestar.

“Esta es la mejor parte. Una vez haya conseguido crear una gran empresa y sea millonario, podría venderla o tal vez hacer que cotizara en bolsa y vender sus acciones, con lo que usted se haría aún más rico.”

— “Ah… Suena bien. ¿Y luego?”

— “Podría irse a vivir a un bonito y tranquilo pueblo costero donde tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que quisiera. Tendría una buena vida…”

 Narración original escrita por mí basada en otra del libro “La jornada laboral de 4 horas”, de Timothy Ferriss, editorial RBA.

. . . . . .

Como cualquier ser humano, los protagonistas lo que quieren al final es tener una “buena vida” desde actitudes muy diferentes, fiel reflejo de sus esquemas mentales.

La primera conclusión a la que podemos llegar con esta pequeña historia es que para ser feliz no hace falta crear grandes empresas ni disponer de mucho dinero. El empresario ha alcanzado gran éxito y mucho dinero con su empresa, pero no disfruta demasiado de lo que ese triunfo le brinda; sin embargo el pescador, con unos méritos en apariencia más modestos, tiene mucho tiempo libre que sabe organizar para que sea productivo en lo personal y que disfruta al máximo, en definitiva, vive feliz. Por lo tanto, la conclusión fácil es que no hace falta tener mucho dinero, lo que importa es tener tiempo y saber disfrutar de la vida, aunque ciertamente el dinero nos proporciona posibilidades y medios que sin él no son posibles.

Pero vamos a profundizar más en la interpretación de la historia.

Como hacen muchas personas, el empresario pretende dar al pescador una lección magistral basada en su experiencia y esquemas mentales, sin tener en cuenta lo que realmente quiere el pescador y sus preferencias. Le explica el modo de lograr una gran empresa que le permita ganar más dinero para así poder disfrutar de más tiempo y de una “buena vida”. Sin embargo el objetivo de su planteamiento conlleva una gran ironía: el pescador ya vive muy bien, dispone de mucho tiempo y hace prácticamente lo que quiere, algo que el empresario es incapaz de ver debido a su modo de entender las cosas.

¿Cuál de los dos tiene mejor planteamiento de vida? El empresario ha conseguido crear una exitosa empresa y es rico, lo que en teoría le proporciona capacidad para hacer lo que quiera y tiempo. El pescador no es millonario, aunque a su manera también tiene éxito porque consigue pescar mucho en poco tiempo, lo cual le proporciona el dinero que necesita para vivir y dispone de mucho tiempo libre que sabe disfrutar.

Cada cual ha conseguido lo que quiere aunque uno lo sepa disfrutar más que el otro en este caso, lo cual evidencia que el objetivo no importa tanto. Una vez alcanzada la meta, la sabremos disfrutar más o menos, y habremos superado el desafío que nos hizo salir de la zona de confort, que nos hizo relacionarnos, conocer nuevas personas, desarrollar nuevas habilidades, aptitudes… en definitiva, evolucionar.

Por lo tanto, es el camino que hay que recorrer para alcanzar la meta que deseamos lo que importa, lo que nos aporta. Es el camino y no el destino, lo que hace que crezcamos, lo que nos hace más fuertes, más capaces, más sabios… En definitiva, lo que nos hace evolucionar y crecer, y aunque finalmente no alcancemos lo que queríamos, seguramente por el camino hayamos encontrado algo aún mejor. Y esto sólo sucede si actuamos y trabajamos para alcanzar nuestros sueños.

El deseo de lo que queremos lograr ha de surgir de lo más profundo de nuestro corazón, pero si nos cuesta conectar con nuestra esencia y por lo tanto desconocemos lo que queremos, recorrer un camino con propósito nos ayudará a conectar con nosotros mismos. Al lanzarnos al agua aún con cierta incertidumbre, al tomar acción, terminaremos conectando con lo que queremos en lo más profundo de nuestro corazón, porque con toda seguridad viviremos una gran aventura que nos hará crecer en todos los sentidos.

Tener una “buena vida”… ¿Y en qué consiste exactamente eso? En recorrer el camino que nos dicta el corazón y disfrutar del viaje.

Jun 01 2016

El corazón arrugado.

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Los gritos de una niña llamaron la atención de un hombre que recién salía de comprar en una papelería. Observó que estaba regañando al que parecía ser su hermano por las cosas que le decía. Le estaba gritando e insultando duramente. El hombre observó pensativo la escena. Unos segundos después, se le ocurrió una idea…

Se acercó a la pareja y les saludó con un tono de voz que invitaba a la calma. La niña paró bruscamente de gritar y le miró con curiosidad. Entonces el hombre le dio una hoja de papel y unas tijeras.

“¿Para qué me da esto?” – Preguntó la niña.

“Por favor, recorta el papel para que tenga forma de corazón. Luego te explico el motivo.”

La niña no entendía nada, pero guiada por la curiosidad, hizo lo que el hombre le pidió. Recortó el papel y logró un corazón muy bonito. El hombre continuó con sus extrañas peticiones.

“¿Te parece que el papel tiene alguna arruga?”

“No, está liso.”

“Vamos a hacer una pequeña prueba. Dobla y arruga el corazón de papel todo lo que puedas.”

La niña seguía sin entender qué pretendía el hombre, pero cada vez sentía más curiosidad, así que obedeció las indicaciones. Pasados unos segundos manipulando el papel para arrugarlo, el hombre le pidió que lo extendiera y lo dejara tan liso como estaba al principio.

“¡No se puede, eso es imposible!” – Exclamó la niña.

El hombre la miró fijamente y dijo:

“Así es. Por mucho que intentes alisar el corazón de papel nunca llegará a estar completamente liso como al principio, quedarán arrugas. De igual manera, cuando gritas, insultas o faltas al respeto a tu hermano o a cualquier persona, aunque después quieras arreglarlo, será muy difícil, a veces imposible, reparar el daño que has hecho a esa persona y a vuestra relación. Los sentimientos… el ‘corazón’ de la persona a la que hayas ofendido o hecho daño, estará como el del papel, ‘arrugado’, y será muy complicado quitarle las arrugas”.

Las palabras del hombre conmovieron profundamente a la niña porque se dio cuenta de lo mal que había tratado a su hermano y del sufrimiento que había provocado en él. Con los ojos llenos de lágrimas, le abrazó con fuerza y le pidió perdón. El hombre sonrió emocionado y añadió:

“Estoy seguro de que no eras consciente del daño que estabas haciendo. Afortunadamente, las personas no somos un trozo de papel y con la actitud adecuada y tiempo, podemos arreglar nuestros errores.”

Historia original de Javier Martín.

 

Abr 30 2016

¿Qué peinado me voy a hacer hoy?

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Después del primer estiramiento de la mañana, la anciana mujer se acercó al espejo y vio que le quedaban tan sólo tres pelos en la cabeza.

“¿Qué peinado me voy a hacer hoy…? A ver, a ver… Creo que me voy a hacer una trenza” – Pensó en voz alta. Así se peinó y se sintió fenomenal.

Veinticuatro horas después, al levantarse, volvió a mirarse al espejo y comprobó que le quedaban dos pelos.

“¿Qué hago con dos pelos? A ver… Ya sé, me peinaré con la raya en medio” – Concluyó, y pasó feliz el resto del día.

Al día siguiente, vio que sólo le quedaba un pelo.

“¡Hoy no me voy a demorar ni un segundo en mi decisión! ¡Me haré una cola de caballo!” – Y con una amplia sonrisa, comenzó el día de la mejor manera posible.

La mañana siguiente, observó que no le quedaba ni un pelo…

“¡Estupendo! ¡Hoy no me tendré que peinar!” – Y comenzó el día con un entusiasmo que duró toda la jornada…

Historia original de Javier Martín a partir de otra vista en Internet.

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Cómo interpretes las circunstancias marcará lo que vas a hacer y por lo tanto, el resultado. Lo que pienses de una persona, marcará tu actitud con ella y por lo tanto, la relación. Por eso, cuida lo que piensas, porque esos pensamientos definirán cómo vas a influir en los acontecimientos…

Los juicios o prejuicios que forman la actitud (imagen) es lo que te devolverá la vida (espejo).

Siendo consciente de esto, ¿qué “peinado” te vas a hacer a partir de ahora?

 

Mar 31 2016

Tener un porqué para soportar cualquier cómo…

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El que tiene un porqué, puede soportar cualquier cómo.

Friedrich Nietzsche

Más de seis millones de judíos fueron asesinados y masacrados en los campos de concentración nazis de la segunda guerra mundial. No importa lo que hayas leído o visto en películas, es muy probable que lo que se ha mostrado en la ficción acerca de aquellos sucesos, sea sólo una sombra de lo que pasó en realidad.

El psiquiatra judío Viktor Frankl sobrevivió al holocausto nazi. Vivir esa atroz experiencia le procuró un experiencia vital que hizo de su psique una auténtica fortaleza. Tiempo después de que acabara la guerra escribió su historia, un relato que pone de manifiesto sus esquemas mentales, su pensamiento como superviviente. El libro donde cuenta lo que vivió se llama El hombre en busca de sentido. Se trata de una de esas obras que no se puede dejar de leer porque es inmensamente interesante y porque pone de manifiesto hasta dónde puede llegar y lo que puede superar un ser humano con los pensamientos, creencias o paradigmas adecuados.

Este hombre logró sobrevivir en el peor de los entornos posibles tanto a nivel físico como psicológico no enfocándose en lo que estaba experimentando, las humillaciones, las muertes y maltratos de los que era testigo; lo que hizo fue imaginarse a sí mismo dando conferencias sobre la experiencia que había vivido en el holocausto y cómo lo había superado, y lo imaginó con intensidad y constantemente, añadiendo cada día más detalles, sintiendo y asumiendo como si ya estuviera dando esas conferencias.

Su historia y ejemplo hace patente que para poder superar cualquier situación, tenemos que enfocarnos en una meta que tenga que ver con lo que estamos viviendo o padeciendo, pero que nos dé la fuerza necesaria. El modo de superar cualquier cosa consiste en enfocarse en algo relacionado con lo que estamos viviendo pero que lo trascienda, tal como hizo Viktor. Él se dio cuenta de que se nos puede quitar todo excepto una cosa: la elección de la actitud frente a cualquier circunstancia, por adversa y difícil que sea.

En definitiva, Viktor es el ejemplo de que la manera trascender cualquier circunstancia por dura que sea es encontrarle un sentido, un porqué o para qué. No se trata de ignorar, sino de dar un sentido.

No siempre será fácil encontrar un sentido a lo que nos sucede. Pero si Viktor fue capaz de dárselo a la inimaginablemente cruda y adversa experiencia que vivió en los campos de concentración, nosotros también podemos encontrar sentido a todo.

¿Qué tipo de conocimientos me va a dar esto que estoy viviendo?
¿Qué me va a aportar este suceso?
¿De qué manera podré aprovechar la experiencia que me está dando esta situación?

Y otras preguntas en esta línea pueden darnos pistas para encontrarle un sentido, un porqué o para qué. Esto nos dará el coraje y la fuerza suficientes para superar cualquier situación. La resiliencia, la capacidad de superar cualquier circunstancia, tiene mucho que ver con esta forma de enfocar las situaciones adversas.

Hemos de ser conscientes de que se le puede encontrar un punto positivo a cualquier situación. De hecho, lo mejor suele surgir de lo “peor”. En realidad, no hay circunstancias positivas o negativas. Todas las circunstancias aportan. Lo que aporten, depende de cómo las interpretemos. Cuando notes que algo te está lastrando, cambia el modo en el que lo evalúas o juzgas.

Como interpretamos un hecho o situación marca la diferencia.

 

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