Jun 01 2016

El corazón arrugado.

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Los gritos de una niña llamaron la atención de un hombre que recién salía de comprar en una papelería. Observó que estaba regañando al que parecía ser su hermano por las cosas que le decía. Le estaba gritando e insultando duramente. El hombre observó pensativo la escena. Unos segundos después, se le ocurrió una idea…

Se acercó a la pareja y les saludó con un tono de voz que invitaba a la calma. La niña paró bruscamente de gritar y le miró con curiosidad. Entonces el hombre le dio una hoja de papel y unas tijeras.

“¿Para qué me da esto?” – Preguntó la niña.

“Por favor, recorta el papel para que tenga forma de corazón. Luego te explico el motivo.”

La niña no entendía nada, pero guiada por la curiosidad, hizo lo que el hombre le pidió. Recortó el papel y logró un corazón muy bonito. El hombre continuó con sus extrañas peticiones.

“¿Te parece que el papel tiene alguna arruga?”

“No, está liso.”

“Vamos a hacer una pequeña prueba. Dobla y arruga el corazón de papel todo lo que puedas.”

La niña seguía sin entender qué pretendía el hombre, pero cada vez sentía más curiosidad, así que obedeció las indicaciones. Pasados unos segundos manipulando el papel para arrugarlo, el hombre le pidió que lo extendiera y lo dejara tan liso como estaba al principio.

“¡No se puede, eso es imposible!” – Exclamó la niña.

El hombre la miró fijamente y dijo:

“Así es. Por mucho que intentes alisar el corazón de papel nunca llegará a estar completamente liso como al principio, quedarán arrugas. De igual manera, cuando gritas, insultas o faltas al respeto a tu hermano o a cualquier persona, aunque después quieras arreglarlo, será muy difícil, a veces imposible, reparar el daño que has hecho a esa persona y a vuestra relación. Los sentimientos… el ‘corazón’ de la persona a la que hayas ofendido o hecho daño, estará como el del papel, ‘arrugado’, y será muy complicado quitarle las arrugas”.

Las palabras del hombre conmovieron profundamente a la niña porque se dio cuenta de lo mal que había tratado a su hermano y del sufrimiento que había provocado en él. Con los ojos llenos de lágrimas, le abrazó con fuerza y le pidió perdón. El hombre sonrió emocionado y añadió:

“Estoy seguro de que no eras consciente del daño que estabas haciendo. Afortunadamente, las personas no somos un trozo de papel y con la actitud adecuada y tiempo, podemos arreglar nuestros errores.”

Historia original de Javier Martín.

 

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