El mayor obstáculo.

Una tarde de verano muy calurosa, fui a pasear cerca de la orilla del río cercano al pueblo donde estaba pasando unos días de vacaciones. El calor provocaba que no parase de sudar, por lo que bebía agua con mucha frecuencia.

Justo cuando estaba pensando en que no me sentía saciado por más que bebía, vi a un perro que se acercaba al río, seguramente con intención de beber.

Me llamó poderosamente la atención que el can trataba de acercarse, pero apenas se atrevía. Se acercaba, inclinaba su cabeza para beber y en cuestión de un segundo, retrocedía mientras ladraba con fuerza.

Esto me causó una gran curiosidad, así que me acerqué para averiguar qué provocaba tan extraño comportamiento. Entonces me percaté del motivo por el cual el perro retrocedía cada vez que se acercaba al agua: confundía su propio reflejo con el de otro animal y esto le asustaba.

Cuando el perro se asomaba al agua cristalina del río que fluía con lentitud, veía su reflejo y retrocedía rápidamente muy asustado. Pocos segundos después, volvía a intentarlo acercándose con cautela y miedo. Seguro que lo que le empujaba a seguir intentándolo a pesar del miedo, era la sed que debía sentir el pobre animal debido al insoportable calor.

Sentí el impulso de darle de beber de mi botella, pero opté por observarle. No quería privarle de la oportunidad de aprender de esta situación. Además, estaba prácticamente seguro de que finalmente el perro sacaría fuerzas de su necesidad… O tal vez…. permitiría que su miedo se apoderase de él, en cuyo caso yo le ayudaría. Quería saber si mi suposición de que lo lograría gracias a su necesidad de beber era correcta, o si finalmente se dejaría vencer por el miedo…

Después de unos minutos y de un aullido, el perro se lanzó al agua. Por supuesto, la imagen que el animal creía que era otro perro enemigo, el obstáculo que su creencia había creado, desapareció…

Y así fue como, al enfrentarse a su supuesto enemigo, aquel perro venció el mayor obstáculo:

Él mismo…

. . . . . .

En la Vida nos aguardan diversas situaciones que nos ponen a prueba. Situaciones que aparentemente se escapan a nuestro control o que suponen tener que hacer cosas que normalmente no hacemos. Acontecimientos que nos llevan a tener que salir de nuestra zona cómoda. Tenemos tendencia a proyectar hacia los hechos y las personas nuestros defectos, nuestros temores… Y lo que tenemos que hacer en realidad, es mirar dentro de nosotros mismos.

El peor enemigo posible, el mayor obstáculo, está en nuestro interior. Probablemente muchas más veces de las que somos conscientes nos hemos saboteado a nosotros mismos, por temores conscientes o inconscientes. El autosaboteo puede venir de no sentirnos merecedores de algo, o porque albergamos una creencia que limita lo que estamos dispuestos a aceptar  en nuestra vida, o cualquier otro tipo de creencia limitante. Las peores son las creencias limitantes de las que no somos conscientes.

Cuando nos sintamos bloqueados, cuando no nos sintamos «capaces» de superar una situación, de avanzar en algún momento de nuestra vida, lo mejor que podemos hacer es hacernos conscientes de nuestro motivo, de nuestro porqué y aferrarnos a él, para inmediatamente, actuar a pesar del miedo o de la excusa que estemos utilizando para justificar nuestra pasividad o inacción. Tal como hizo nuestro amigo perruno de la historia: saltemos, actuemos a pesar de los miedos o de los bloqueos.

El mayor obstáculo somos nosotros mismos. Por eso está en nosotros mismos superarlo…

¿Por qué los perros viven menos que las personas?

Un día me llamaron a la clínica para que fuera a examinar a un perrito anciano, un caniche de los pequeños, llamado Chiqui. Los dueños, un matrimonio y su hijo de 6 años Alberto, querían profundamente a su mascota. Esperaban un milagro que lo salvase.

Cuando examiné a Chiqui llegué a la clara conclusión de que iba a morir irremediablemente en pocos días y aquejado de grandes dolores, probablemente sufriría aún más de lo que ya estaba sufriendo. Con el máximo tacto del que fui capaz, se lo comuniqué a su familia, y les dije que quizá lo más piadoso que podían hacer por él, era ponerle una inyección para evitarle más sufrimiento. Quedamos en que lo haríamos al día siguiente.

Cuando llegó el momento, observé cómo toda la familia rodeaba a Chiqui y le acariciaban con los ojos llenos de lágrimas. Aunque era una situación familiar para mí, no pude evitar sentir una enorme tristeza.

Me sorprendí mucho al ver que el niño parecía estar bastante sosegado mientras acariciaba al perro en sus últimos instantes. No pude dejar de pensar si era plenamente consciente de lo que estaba a punto de ocurrir. Poco después de la inyección, apenas unos minutos, Chiqui se quedó dormido plácidamente… para no volver a despertar.

Alberto parecía estar bien, y aceptaba la muerte de su querida mascota Chiqui mucho mejor que sus padres, que no cesaban de llorar.

Nos sentamos y nos pusimos a hablar un poco. En la conversación, salió la eterna pregunta de porqué viven tan pocos años los perros en comparación con las personas.

Alberto, que había estado escuchando atentamente, exclamó: ¡Yo sé por qué!.

Lo que dijo me reconfortó como nunca antes, y a juzgar por la expresión en la cara de sus padres, también sintieron un gran alivio. Jamás había escuchado una explicación tan dulce y coherente. Sólo la mente pura de un niño podía llegar a una conclusión así. Las palabras de un niño de 6 años cambiaron mi forma de ver y sentir estos sucesos.

Su explicación fue:

Las personas venimos al mundo para aprender cómo vivir una vida buena: querer a las demás personas siempre y ser buenos, ¿verdad? Pues como los perros ya saben cómo hacer todo esto, no tienen que quedarse tanto tiempo como nosotros.

Versión de Javier Martín, basada en una historia similar vista en Internet.

En memoria de mi pequeño y Gran Amigo, cuya marcha de este mundo fue más ingrata que la de la historia. Estoy seguro de que eres feliz en el Cielo de los Perros.

Te Quiero Chiqui.

Chiqui

 

La influencia de las emociones

¿Qué es la enfermedad?

Es un maestro, una oportunidad para organizar una armonía superior en nuestra propia vida, a nivel físico, emocional, mental y espiritual.

¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma?

El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en ti, el alma evoluciona, aprende.
En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.

La Salud y Las Emociones.

¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican?Emociones

Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional. Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas.

El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.

¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud?

De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar. Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo.

¿Cómo nos afecta la ira?
La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico.

¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos?

La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia.

¿La alegría suaviza el ánimo?

Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.

¿Y la tristeza?

La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.

¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo?

Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza.
Sí, es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.
¿Cómo prevenir la enfermedad?
Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.

¿Y si aparece la enfermedad?

Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un cáncer de páncreas y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más. Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida. Cada vez más personas sufren ansiedad.

La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.

¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia?

La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera.
La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el «debería ser», y no somos ni lo uno ni lo otro. El estrés es otro de los males de nuestra época.
El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar. Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie.
El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.

¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos?

La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior.
Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.

¿Qué es para usted la felicidad?

Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices.

Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego.

Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia.

Vivir el Presente.
¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo?

Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.

¿Tan confundidos estamos, en su opinión?

Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.

¿Y qué necesitamos realmente para vivir, acaso el amor?

El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora.
El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo. En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena. En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar, y entonces se restaura la armonía.

Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil. Nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama.
Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor. Pero no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego. Eso que llamamos habitualmente amor es una droga.

Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme. El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad.

Pero a veces nos sentimos atados a un amor. Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo, y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo. Hay muchos amores que son así, pura chispa.

Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor. Cuando el leño está encendido produce el fuego, Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor.

¿Puede darnos algún consejo para alcanzar el amor verdadero?

Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres. Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a perdonar, porque el error es tu maestro.

Ámate, sincérate y considérate. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer. El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor. Si no, vacío. Pero nunca busques una migaja; eso es indigno de ti.

La clave entonces es amarse a sí mismo. Y al prójimo como a ti mismo. Si no te amas a ti, no amas a Dios, ni a tu hijo, porque te estás apegando, estás condicionando al otro. Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente.

Entrevista realizada en 2009 al Dr. Jorge Carvajal, médico cirujano. Pionero de la Medicina Bioenergética.

Gracias a Esther, por enviarme el texto 😉

Puesta de Sol

¿Qué hago hoy para hacerte feliz?

En una entrevista de hace un par de años publicada en la revista AR, realizada a dos de los principales protagonistas de la serie «Águila Roja», David Janer (Águila Roja),  y Francis Lorenzo (El Comisario), les hacen la siguiente pregunta:

«¿Qué os hace ser mejores personas?»

Ellos respondieron:

David Janer: La familia y los amigos. Cuanto mejor eres contigo mismo, mejor vas a ser con los demás. No vas a cambiar el mundo, ¡ojalá yo tuviese las facultades de Águila Roja! Pero, al menos, que ese microcosmos que está a tu alrededor lo puedas mejorar. Es una batalla continua.

Francis Lorenzo: A mí me hace ser mejor persona lo que aprendo de mis amigos, los de verdad. Y luego, tengo dos hijos y una mujer a los que adoro. Llevo casi 30 años con ella y nuestro lema sigue siendo: “¿Qué hago hoy para hacerte feliz?”.

No puedo estar más de acuerdo con ambos.

No se trata de… «vivir en los mundos de Yupi» (expresión que proviene del título de un programa de televisión para niños en España, que se caracterizaba por ser un mundo «demasiado» bonito, feliz y/o alegre). No. Se trata de una actitud inteligente y bondadosa: nada es más beneficioso para todos que empatizar y confraternizar, nada atrae mayor prosperidad que ayudar a nuestros semejantes.

Las situaciones negativas que existen en el mundo son el resultado del miedo, lo que provoca desconfianza, críticas, traiciones, egoísmo, etc. Precisamente, carencia de felicidad, alegría, amor…

Es mucho más ingenuo pensar que el único modo de «sobrevivir», es siendo tan «malo» como los demás. Es mucho más inocente pensar que el mundo está lleno de personas malas y egoístas. Esto sólo es una verdad a medias.

Ciertamente, hay personas que se mueven por motivos cuestionables y egoístas. Pero afirmar que todo el mundo es o actúa así, obedece a un modo absolutamente sesgado de apreciar la realidad, ya que sólo se enfoca en las «malas acciones», porque… ¿no es cierto que también hay personas que ayudan desinteresadamente a los demás? Personas que regalan su tiempo y su trabajo para ayudar a quienes lo necesitan. O personas normales, que se limitan a regalar sonrisas y a tratar a los demás de la mejor forma posible. Sencillamente porque sí, porque les apetece, o les sale así. O tal vez porque en alguna parte de su subconsciente han comprendido que la forma de tratar al prójimo es la forma en que se tratan a sí mismos. Porque tal vez han comprendido, consciente o inconscientemente, que cuando tratamos mal a los demás, al final repercutirá en nosotros.

La bondad tiene que ver con la creación, con una naturaleza positiva de construcción y de unión. Construir requiere un determinado tipo de energía muy potente y de inteligencia. Requiere de Amor. Se puede afirmar sin temor a error, que la Bondad y el Amor tienen más que ver con una Inteligencia Suprema que con la inocencia o la ingenuidad.

Tenedlo presente: si queremos prosperar como personas y como grupo global, si la humanidad avanza y evoluciona, no será con actitudes egoístas o malvadas, será si somos nuestra mejor versión con los demás, si aportamos la mejor versión de nuestros actos al mundo… Sencillamente, haciendo felices a las personas.

Por eso, la pregunta «¿Qué hago hoy para hacerte feliz?», me parece tremendamente acertada…

Felicidad Conjunta

 

 

 

El lado positivo del mensaje

En un tiempo lejano, un rey pasó una noche muy mala por culpa de una pesadilla en la que veía que se le caían todos sus dientes.

Por la mañana era tal el desasosiego que le producía recordar el mal sueño, que quiso preguntar qué podía significar a su consejero más anciano y sabio, pero se encontraba de viaje, así que mandó llamar al aprendiz de éste.

Una vez escuchó al nervioso rey, el joven le dijo:

¡Qué mala suerte majestad! En un sueño, los dientes representan a sus familiares, y si estos se caen, significa que morirán todos ellos.

El rey, que sintió el rechazo más absoluto a lo que acababa de escuchar, montó en cólera y ordenó encerrar al joven aprendiz del consejero hasta nuevo aviso.

Justo en ese momento, el consejero más anciano y sabio entraba por la puerta de la sala. Acababa de llegar de su viaje.

Naturalmente, de inmediato el rey le contó la susodicha pesadilla. El joven quiso advertir al anciano, pero no había manera de hacerlo sin que el rey se diera cuenta. El anciano, que reparó en la cara desencajada del joven, se quedó pensativo, y unos instantes después, le contestó al rey:

—Majestad, quédese completamente tranquilo. Ese sueño lo único que quiere decir, es que vivirá más tiempo que sus parientes.

El rey suspiró aliviado, y una amplia sonrisa se dibujó en su cara. Fue tal su alegría, que recompensó a su sabio consejero con un cofre lleno de alhajas.

Unas horas después, el anciano fue a las mazmorras a ver a su joven aprendiz. Había conseguido que el rey fuera indulgente con él y le iba a soltar. El joven, no pudo evitar preguntarle al anciano consejero:

—Señor, ¿cómo es posible que el rey le recompensara si la interpretación que le dio del sueño fue prácticamente la misma que la mía?

Seguro que en el fondo lo sabes… Lo único que hice, fue poner el foco en el lado positivo del mensaje…

Versión de Javier Martín de la fábula «El rey y la pesadilla».

Todos sabemos que hay muchos modos de decir o expresar las cosas. Sin embargo, no siempre aplicamos un modo de decirlo empático, teniendo en cuenta a la persona que tenemos delante, sus sentimientos y circunstancias.

Para una comunicación eficaz y productiva, es necesaria la sinceridad y un enfoque positivo. Que nuestras palabras reflejen los hechos, influirá de forma definitiva en lo que vamos a transmitir a través de la parte no verbal del mensaje (tono de voz, lenguaje corporal), que tiene mucho más peso y transmite más que las palabras. Y se puede relatar los hechos o lo que sea que queramos o necesitemos decir, obviando la parte negativa, enfocándonos en su lado positivo. No sólo es posible, es necesario para que la otra persona se sienta bien y por lo tanto capte mucho mejor el mensaje, lo acepte y lo asimile.

Siempre que nos enfoquemos en el lado positivo, todo irá bien. Garantizado 😉

Como es dentro es fuera

«Ciertas personas convierten en mal humor todo lo que ingieren, aunque el alimento sea sano. La falta no está en el alimento, sino en su temperamento, que hace alterar los alimentos. De la misma manera, si nuestra alma tiene una mala disposición, todo le hace mal; incluso las cosas útiles las transforma en nocivas para ella. Si alguien pone unas pocas hierbas amargas en un pote de miel, ¿no alterarán el pote entero haciendo que la miel se vuelva toda ella amarga? Eso es lo que nosotros hacemos: difundimos algo de nuestra amargura y destruimos el bien del prójimo cuando le miramos según nuestra mala disposición.

He oído decir de un hermano que, si yendo a ver a otro encuentra su celda dejada y en desorden, se dice para sí mismo: «¡Cuán dichoso es este hermano de estar completamente desasido de las cosas terrestres y de llevar su espíritu siempre en lo alto, que no tiene ni tan sólo el placer de arreglar su celda!» Si a continuación va a la celda de otro hermano y la encuentra arreglada, limpia y en orden, se dice: «¡La celda de este hermano está tan limpia como su alma. El estado de su celda corresponde al estado de su alma!» Jamás dice de ninguno: «Éste es desordenado» o bien: «Éste es frívolo». Gracias a su excelente estado saca siempre provecho de todo. Que Dios, en su gran bondad, nos dé, a nosotros también, un buen estado interior para que podamos aprovecharnos de todo y jamás pensemos mal del prójimo. Si nuestra malicia nos inspira malos juicios o sospechas, la transformémoslas rápidamente en buenos pensamientos. Puesto que no ver el mal del prójimo, con la ayuda de Dios, engendra bondad».

Doroteo de Gaza, fragmento de la Carta nº 1.

Doroteo de Gaza fue un monje que vivió en la zona de Gaza allá por el año 540. Se conoce poco de su vida y obras, porque su monasterio fue arrasado por la invasión musulmana del siglo VII.

Gracias a Álvaro Menéndez por enviarme el texto.

Lo que vemos en los demás es un reflejo de nosotros, y además, esa visión, juicio o prejuicio que tengamos, condicionará severamente nuestra interacción con la persona o entorno en cuestión. ¿No es más que evidente que es mucho mejor ver o buscar el lado bueno de las personas o de las cosas, que ver el malo? Entonces, ¿por qué a veces no lo ponemos en práctica?

Habrá quien diga que hay que ver ambas caras. Desde luego. No obstante, yo me preguntaría: ¿cuál de las opiniones o interpretaciones sobre algo o alguien, provoca o crea en nosotros una actitud más constructiva y provechosa? Difícilmente podremos ser constructivos si sólo nos centramos en lo negativo…

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