Feb 14 2017

El lobo y la rosa

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El invierno más crudo e intenso se apoderó del precioso bosque al lado del pueblo.

De nuevo el frío propició que se convirtieran en aliados y amigos. Como cada invierno, no quedaban apenas animales en el bosque excepto ellos. Los demás animales se marchaban o morían ante el frío, pero el lobo era capaz de estar mucho tiempo sin comer y el cuervo encontraba comida en sus numerosos vuelos. Además, ambos se ayudaban mutuamente para robar comida a los humanos que pasaban por allí.

Una vez más, el lobo y el cuervo eran testigos de los primeros rayos de sol que auguraban otro espectacular amanecer.

El lobo caminaba silenciosamente, sus patas se hundían en la nieve mientras apenas se escuchaba el revoloteo del cuervo al pasar de una rama a otra. No permitían que el frío les venciera a diferencia de los otros animales. Ellos creían que podían sobrevivir y por eso siempre encontraban el modo de burlar el frío y alimentarse. Mantenían conversaciones que mitigaban su soledad y les hacía olvidarse de tan precaria situación.

”Qué raro, a esta hora ya debería haber aparecido la Muerte.” – Comentó el cuervo observando los primeros rayos de sol.

”Estará por aquí cerca a punto de llevarse el alma de algún desdichado.” – Respondió el lobo.

Unos minutos después vieron a la Muerte con un conejo  que no podía moverse.

“¡Os suplico que me ayudéis! ¡Salvadme de la muerte y os ayudaré a encontrar comida cada día!” – Suplicó el conejo.

“Lo siento, pero no necesitamos tu ayuda. Sabemos cómo sobrevivir al invierno y encontrar comida.” – Respondió el lobo.

El conejo les miró con gran tristeza mientras la Muerte levantó su guadaña para quitarle la vida.

Poco después, el lobo, el cuervo y la Muerte caminaron sin rumbo por el bosque. Al anochecer, como todos los días, la Muerte se despidió de ellos y prosiguió su camino hacia el pueblo.

A la mañana siguiente el lobo y el cuervo volvieron a caminar juntos a través del bosque helado.

“Parece que hoy también se retrasa la Muerte.” – Dijo el cuervo.

“Estará con algún moribundo a punto de morir.” – Respondió el lobo.

Un poco más adelante encontraron a la Muerte junto a un viejo ciervo tumbado en la nieve. Al verlos llegar, el ciervo les observó, pero no les pidió ayuda para escapar de las garras de la muerte. El lobo, extrañado, le preguntó:

”¿No nos vas a pedir que te ayudemos a vivir?”

— “Soy demasiado viejo y estoy enfermo. Es mi hora. No hay motivo para escapar de lo que a todos nos alcanza.”

El lobo lo miró con compasión a la vez que asintió con la cabeza.

”Es la hora.” – Dijo entonces la Muerte, y moviendo su siniestra guadaña, segó el alma del ciervo, cuya cabeza cayó suavemente sobre la nieve como si se hubiera quedado dormido plácidamente.

Instantes después, los tres se alejaron caminando lentamente a través del bosque. Al anochecer, la Muerte se despidió de ellos y como cada día siguió su camino hacia el pueblo.

A la mañana siguiente, el cuervo hizo notar nuevamente que no había aparecido la Muerte a la hora acostumbrada.

”Habrá vuelto a encontrar otro animal al que llevarse.” – Respondió el lobo.

”Me extrañaría, creo que aparte de nosotros no quedan más animales en el bosque.”

Unos pasos después vieron a lo lejos en un claro del bosque algo de color rojo muy llamativo. Se acercaron para indagar y descubrieron una preciosa flor entre la nieve. Les extrañó mucho porque no es natural que crezca una flor en esas condiciones. Se acercaron y se quedaron maravillados con su belleza.

— “¿Qué eres? Jamás había visto una flor como tú.” – Preguntó el lobo.

— “Soy una rosa. Las de mi especie no crecemos en el bosque. Una niña me trajo aquí hace un rato y me plantó.”

“Morirás en este lugar, el frío te congelará y te matará.” – Dijo el cuervo con tono serio.

El lobo la miró con compasión y admiración por su inusitada belleza, al tiempo que dio media vuelta y se marchó con el cuervo.

Esa noche antes de despedirse el lobo y el cuervo, comentaron sobre lo raro que había sido que no apareciera la Muerte ese día. El cuervo se marchó volando hacia su rama preferida para pasar la noche y el lobo se quedó pensativo. No paraba de pensar en la flor que habían encontrado.

Entonces fue hasta donde habían encontrado a la rosa. Seguía allí, preciosa, y la luz de la luna llena parecía hacerla brillar. Ella se dio cuenta de la presencia del lobo.

“¿Qué haces aquí lobo?” – Preguntó con gran curiosidad la rosa.

”He venido a mirarte”.

—  ”¿Por qué?”

—  “Eres muy bonita, no te pareces al resto del bosque. No hay nada bonito por aquí y menos ahora que está cubierto por la nieve.”

“Hay muchas cosas bellas en este bosque y algunas cosas incluso se ven más bonitas con la nieve.”

—  “Tal vez… Pero hay algo en ti que me atrae. Y siento una gran tristeza, porque vas a morir en las próximas horas. Creo que he venido porque morirás pronto y quería volver a verte por última vez.” – Dijo con sentimiento el lobo.

”Sálvame.”

El lobo sintió que algo se desgarraba dentro de él y retrocedió unos pasos, asustado.

”No puedo.” – Respondió con tristeza.

”Sí… sí que puedes… Llévame al lugar del que me trajeron, donde nací y vivía, la casa más grande del pueblo. No viviré mucho más, pero al menos no moriré de frío y moriré en casa cerca de los que quiero.”

Mientras hablaba al lobo, la rosa lo miraba emocionada. Él conmovido completamente, comenzó a pensar en lo que le propuso la rosa. No importaba cómo lo enfocara y en cómo lo pensara hacer, era un plan extremadamente peligroso para él. Si se metía en el pueblo le intentarían matar en cuanto le vieran.

Entonces comenzó a nevar. Los copos de nieve caían despacio y en círculos. Parecían bailar en torno a la rosa, que temblaba ante el intenso frío y brillaba con la luz de la luna. El lobo la miraba mientras pensaba que aunque la salvara esa noche, ella no viviría mucho tiempo. A pesar de que nunca había sentido antes algo así por nadie, estaba seguro de que jamás volvería a sentir algo parecido…

”Sálvame por favor.” – Le susurró la rosa.

En ese momento el lobo escuchó un sonido familiar al que le había perdido el miedo. Se giró y vio a la Muerte observando entre los árboles cercanos. Ella se acercó y se quedó mirando a la rosa. La rosa perdió el conocimiento probablemente por el gélido viento que comenzó a soplar.

”¿Has venido a por ella?” – Preguntó el lobo muy triste.

La muerte tardó unos instantes en responder, como si le costase encontrar la respuesta.

”Depende de ti.”

”¿Por qué? ¿Puedo salvarla?”

El viento dejó de soplar repentinamente, quedando un silencio casi total. Segundos después, la Muerte inclinó muy despacio su cabeza, asintiendo.

”Has de saber que si la llevas de regreso al pueblo, morirás.” – Sentenció la Muerte hablando muy despacio – “Hoy tengo que llevarme una vida y casi ha llegado su hora. Sea como sea, debo llevarme un alma hoy.”

El lobo se giró hacia la luna y aulló con todas sus fuerzas como tratando de deshacerse de un gran sentimiento de pena. Luego miró con dulzura a la rosa y se acercó a ella tratando de darle un poco de calor. Cerró los ojos y respiró profundamente tomando una decisión. Cuando los abrió, vio que ella le estaba devolviendo la mirada.

Epílogo

Cuentan que un día un lobo entró al pueblo atravesándolo hasta llegar a la casa más grande, que durante su carrera lo hirieron de muerte, pero que siguió corriendo con todas sus fuerzas y entró por la ventana principal de la casa.

Cuentan que llevaba una rosa roja en su boca y que la dejó caer en las manos de una niña antes de seguir huyendo.

Cuentan que llegó hasta donde comienza el bosque y que entonces se desplomó sobre el suelo en su último aliento.

Cuentan que cuando los cazadores se acercaron a recoger el cuerpo del lobo vieron una especie de silueta oscura que se alejaba y se fundía entre las sombras del bosque.

Cuentan que desde ese día, cada amanecer, un cuervo baja volando y se posa en el lugar donde el lobo murió.

. .

Mucho tiempo después, el cuervo seguía su periplo invernal por el bosque, solo. Al final del invierno, otra vez, no quedaba nadie vivo, excepto él. Todos los animales morían o huían, pero el cuervo sabía encontrar comida observando mientras volaba y también sabía cómo robársela a los humanos.

Sí, el cuervo sobrevivía. No cometía errores. No se enamoraba. Estaba vivo, pero estaba solo.

Una vez más, el cuervo era testigo de los primeros rayos de sol que auguraban otro espectacular amanecer…

Versión escrita por mí de la fábula “La rosa y el lobo”.

5 comentarios

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  1. Sublime ! Felicitaciones por tan gran talento

  2. Caramba, tu talento de escritor es un maravilloso descubrimiento para mí:

    1. Muchas gracias Ana 🙂

    • Isabel on martes, 14, febrero, 2017 at 22:55
    • Responder

    Siempre me gustó esta historia. Una versión preciosa, Javier, que la hace todavía más bella si cabe 🙂

    1. Muchas gracias Isabel 🙂

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