Inmediatamente después de casarse, la joven se marchó a vivir con su marido y con la madre de este.
Pasadas unas semanas, se dio cuenta de que era profundamente incompatible con su suegra. Eran radicalmente diferentes. No podía soportar sus costumbres, y eso provocaba enfrentamientos frecuentes. Además, el carácter de la anciana era tan agrio que hacía sufrir enormemente a la joven.
Cada vez discutían más. La convivencia se volvió insoportable, hasta el punto de que la joven llegó a pensar en acabar con la vida de su suegra.
Casualmente, oyó hablar de un sabio consejero, famoso por ser capaz de resolver todo tipo de conflictos y problemas humanos. La joven estaba extremadamente agobiada por la convivencia con su suegra, pero, sobre todo, por aquellas ideas cada vez más insistentes de matarla. Así que no dudó un segundo en ir a visitarlo para pedirle consejo.
En la consulta, le contó todo acerca de la relación con su suegra, incluyendo la oscura idea que últimamente le rondaba sin cesar: acabar con la vida de la anciana.
El consejero la escuchó atentamente, sin mostrar ningún gesto que delatara lo que pensaba. Solo frunció el ceño cuando, tras meditar unos instantes, le pidió que esperase allí unos minutos, pues tenía que salir un momento.
Cuando volvió, al cabo de un rato, le entregó a la joven una bolsa con hojas secas machacadas. Después de explicarle cómo debía utilizarlas, le dijo:
—Como ya te he explicado, estas hierbas roban poco a poco la fuerza vital de una persona, hasta que finalmente muere. Para no levantar sospechas, tendrás que administrarlas en pequeñas dosis, de modo que vayan haciendo efecto lentamente. Hasta que llegue ese momento, deberás tratar a tu suegra con mucho cariño, como si fuera tu propia madre.
Hizo mucho hincapié en la importancia de mostrarse cariñosa con ella. La joven lo observaba sorprendida y con gran atención. Aquel hombre, lejos de intentar disuadirla de semejante idea, parecía animarla a llevarla a cabo.
Él hizo una pausa y, arqueando las cejas, continuó:
—No discutas con ella y ayúdala en todo lo que puedas. Es muy importante, absolutamente vital, que hagas esto para que nadie sospeche de ti cuando llegue el momento que esperas. Ven a verme cada once días para contarme cómo va todo, y llámame siempre que lo necesites.
La joven estaba confusa y extrañada. No comprendía que el consejero no la cuestionara e incluso alentara aquella oscura idea de deshacerse de su suegra. No obstante, eso la hizo sentirse relativamente aliviada.
Al día siguiente, comenzó a poner pequeñas dosis de las hierbas en la comida de su suegra. También puso especial cuidado en cambiar su actitud hacia ella, tal como le había indicado el consejero.
Empezó a tratarla de forma amable y cariñosa, evitando caer en la tentación de perder la paciencia, a pesar de las continuas salidas de tono y manías de la anciana.
Después de un tiempo, la relación entre ambas había cambiado completamente. La joven se mostraba cariñosa de forma natural, y la anciana, a su vez, había sustituido sus modos agrios y desagradables por una amabilidad sincera. Entre las dos surgió una gran empatía y llegaron a tomarse mucho cariño.
Las discusiones desaparecieron. Se sentían a gusto juntas. Su relación comenzó a parecerse a la de una madre y una hija.
Entonces, la joven dejó de echar el preparado de hierbas en la comida de su suegra. En su última visita al consejero, le explicó la nueva situación:
—Mi suegra ha cambiado por completo. Ahora es una persona cariñosa. Me trata y me quiere como si fuera su hija, y el sentimiento es mutuo. Me arrepiento enormemente de haber pensado siquiera en envenenarla. ¿Se puede deshacer el daño que le haya podido causar a su cuerpo?
El consejero sonrió y le contestó:
—Puedes estar tranquila. Las hierbas que te di eran inofensivas. En realidad, tu suegra no ha cambiado. Quien cambió fuiste tú. El veneno estaba en ti, en tu actitud. Has vivido lo que sucede cuando sustituyes una actitud negativa, llena de prejuicios, por una actitud amorosa y sin expectativas. Tu suegra, sencillamente, te ha correspondido de la misma manera.
Historia original de Javier Martín, basada en una publicación de Internet.









































