Un tiempo para cada cosa.

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Un hombre que llevaba buena parte de su vida tratando de alcanzar la iluminación espiritual, viajó a un templo budista en busca de un sabio que le pudiera indicar cómo lograrlo. Poco después de llegar, encontró a un monje dispuesto a atenderle.

El hombre le explicó que hacía muchos años había dejado todo para dedicar cada instante de su tiempo a alcanzar la iluminación, y que nada de lo que había hecho le había llevado a ese estado superior.

Cuando el hombre terminó de explicarle y le preguntó qué debía hacer, el monje, que hasta el momento había escuchado con gran atención, se quedó pensativo unos segundos. Pasados esos instantes, asintió como si acabara de comprender algo, y contestó:

– «Debe usted meditar. La meditación debe ser casi como respirar… Vaciar su mente y dejarse fluir… Desconectar para volver a conectar con el Todo… Compañeros míos practicando durante cierto tiempo la meditación han llegado a la iluminación».

– «¿Y yo durante cuánto tiempo tengo que meditar para alcanzarla también?»

– «Depende de cada persona y de su grado de evolución… En cualquier caso, le recomiendo que medite todos los días durante unas… digamos cuatro horas«.

– «Y meditando cuatro horas al día, ¿cuánto tiempo tardaré en alcanzar la iluminación?

– «En unos… diez años» – contestó el monje, sonriendo levemente.

– «¿Y si meditara durante ocho horas al día, maestro? ¿Cuánto tardaría?»

– «Meditando ocho horas al día… posiblemente lo conseguiría en unos… veinte años».

– «¿¡Pero cómo!? ¿¡Dedicando más tiempo a la meditación tardaré más en alcanzar la iluminación!?»  – Preguntó muy sorprendido el hombre.

El monje le explicó:

– «Mi inquieto e impaciente visitante… No es cuestión de hacer más, sino de hacerlo bien. No es cuestión de centrarse sólo en objetivos, sino de vivir la Vida. Es absolutamente necesario vivirla y disfrutarla para poder alcanzar metas. Dedique sólo el tiempo necesario a conseguir su objetivo, con sus pausas, con los tiempos estrictamente necesarios en cada fase, y sin llegar al cansancio ni a hartarse. De esa manera, los resultados vendrán, inevitablemente».

Dicho esto, hizo un guiño al hombre mientras se dirigía al patio, donde le estaban esperando otros monjes para jugar al fútbol…

Historia original de Javier Martín.

1 comentario

    • Sandra en jueves, 7, junio, 2012 a las 9:29
    • Responder

    – “Mi inquieto visitante… No es cuestión de hacer más, sino de hacerlo bien. No es cuestión de centrarse sólo en objetivos, sino de vivir la Vida… » Javier si comprendiéramos e hiciéramos carne éste concepto, nuestra vida sería plena. Gracias por el artículo, son reflexiones que llegan al alma.

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