La tortuga y el escorpión.

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Érase una vez una tortuga que estaba en la orilla de un pequeño río disfrutando de una estupenda mañana de sol. En un momento dado escuchó una voz suave que la llamaba.

— “Tortuga, ¿puedes venir por favor?” – La bonachona tortuga se acercó guiada por la curiosidad.

En cuanto vio de quién procedía retrocedió todo lo rápido que sus lentas patitas le permitían. Se trataba de un escorpión que la miraba entre expectante y seguro de sí mismo.

“¡Espera por favor tortuga, no tengo intención de hacerte daño!” – Dijo con gran aplomo el escorpión.

“¿Qué quieres escorpión?”.

“Necesito cruzar el río urgentemente y como sabes soy incapaz de nadar. Por mis propios medios puedo tardar mucho tiempo. Te he visto y he recordado lo bien que nadas. Se me ha ocurrido que podrías transportarme en lo alto de tu caparazón”.

“Debes estar de broma escorpión, en cuanto me acerque a ti me picarás para matarme, ¡eres un escorpión!” – Contestó nerviosa la tortuga.

El escorpión empezó a llorar y entre lágrimas y lamentos le suplicó a la tortuga, argumentando que tenía un asunto familiar muy urgente que resolver.

“Tortuga, yo no tengo la culpa de haber nacido escorpión. Además, ¿no crees que sería bastante estúpido por mi parte picarte mientras cruzamos el río? ¡Moriríamos los dos!”

— “Cuando hayamos cruzado me picarás.” – Replicó la tortuga.

“Como te he dicho, sólo me interesa llegar al otro lado. Se me ocurre que podrías acercarte lo suficiente a la orilla para que yo pueda saltar y así te quedas en el agua donde no puedo hacerte daño. ¡Por favor! Es muy importante para mí llegar al otro lado de la orilla lo antes posible…” – Argumentó el escorpión desplegando todo su poder de convicción. – “Sabes que si te pico mientras me llevas encima pierdo tanto como tú porque moriría, ¿verdad?”

“Sí.” – Contestó la tortuga.

“¿Entonces me acercas al otro lado del río?”

La tortuga se quedó pensativa. Sabía que tenía razón el escorpión en sus argumentos. Si la picaba morirían los dos en el río y los escorpiones no destacan precisamente por ser tontos o estar locos. Decidió aprovechar este gran favor que le iba a hacer al arácnido y negoció con él que si le ayudaba jamás la atacaría en el futuro.

“Acepto tu condición.” – Respondió sonriente el escorpión.

Entonces la tortuga se dirigió al río y una vez sumergida en el agua de la orilla le dijo al escorpión que se subiera a su caparazón.

El escorpión saltó encima de la tortuga con un gesto de agradecimiento y ella comenzó a nadar hacia el otro lado del río.

Más o menos a mitad del recorrido la tortuga sintió un enorme dolor punzante en su cuello: el escorpión le había insertado profundamente su afilado y venenoso aguijón.

El efecto del veneno era tan fuerte que la tortuga apenas podía pensar en lo sorprendida que estaba por la acción suicida que acababa de realizar el escorpión. Sólo le dio tiempo a preguntarle:

“¿Por qué… me has… picado? Ahora… moriremos los dos…”.

— “Lo siento tortuga, no lo he podido evitar… Es mi naturaleza: soy un escorpión…”.

Mi versión de la fábula “La tortuga y el escorpión”.

. . . . . . . .

La moraleja que se puede extraer de esta fábula nos habla de que nuestros actos, especialmente los que realizamos en situaciones límite, están íntimamente relacionados con nuestra verdadera naturaleza. Y así es, ciertamente, es en los momentos de máxima presión donde aflora nuestros auténtico modo de ser. Cualquier máscara generada por las experiencias, las relaciones o los intereses se desvanece dejando al desnudo nuestro yo más primordial.

En cualquier caso no siempre aflora nuestra auténtica naturaleza y sin embargo, actitudes aprendidas en momentos negativos o en circunstancias positivas, las etiquetamos como parte de nuestra naturaleza y tan sólo son anclajes en nuestra personalidad.

Al final estoy seguro de que sea una actitud aprendida o sea “nuestra naturaleza”, podemos ser escultores de nuestros esquemas mentales, de nuestra alma.

Siempre está en nuestras manos trabajarnos para alcanzar la mejor versión posible de nosotros mismos.

Ítaca

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ÍTACA

Cuando partas hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.

Lleva a Ítaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Ítaca te recompense.

A Ítaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Ítacas.

 Konstantinos Kavafis (1863-1933), poeta griego.

. . . . . . . .

Vivimos en una sociedad que nos inculca paradigmas basados en la “seguridad”. Un “trabajo seguro”, un sistema sanitario “seguro”, comprar un piso porque es un “valor seguro”, una pareja que nos haga sentir “seguros”…

¿De verdad hay en la vida algo seguro? Sí, lo hay. Es seguro que un día dejaremos de vivir, y también es seguro que nada es seguro. De hecho, pretender tener una vida controlada, segura… es sólo una ilusión imposible. Entonces, ¿para qué sirve aferrarse a esa sobrevalorada “seguridad”? Para tener una vida intrínsecamente mediocre, basada en una falsa seguridad.

Teniendo en cuenta que nuestra vida tiene un tiempo limitado, es mucho mejor, como dice el poema de Ítaca, buscar tener un camino rico en aventuras y conocimiento, sin miedos, porque éstos no sirven más que para generar eso que llaman “profecía autocumplida” y atraer monstruos de toda índole que darán la razón y poder a ese miedo.

Las personas con las que más compartimos tiempo y proyectos, son las que más se parecen a nosotros, las que tienen más en común con nosotros, aquellas cuya energía es más parecida a la nuestra. Por eso, invertir en nosotros, en nuestro crecimiento y desarrollo personal, es la mejor manera de que atraigamos personas cada vez mejores, más excelentes y también es la mejor manera de alejar “lestrigones”, como dice el poema.

Vivir buscando proyectos o aventuras sanas y el grato esfuerzo para alcanzar la excelencia personal, conllevará que desaparezcan de nuestras vidas monstruos internos o de carne y hueso y alcanzaremos la plenitud. Sólo con una contínua búsqueda y trabajo para alcanzar nuestra mejor versión, podremos aprovechar al máximo nuestra vida.

Más importante que el camino, es cómo lo vives…

Si eso te hace feliz…

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En un debate sobre la felicidad, la persona más escéptica me preguntó:

– “¿Y si no quiero ser feliz? ¿Qué pasa si quiero ser desdichada?”

Yo le razoné:

– “Sé desdichada, ¡si eso te hace feliz!”

Tal como da a entender el pequeño texto inicial, la felicidad tiene más que ver con aquello que creemos que nos da bienestar o buenas sensaciones. Cómo vivimos la vida y cómo somos se ha construido con nuestro pensamiento. Si nuestro pensamiento pone su foco en malos pensamientos, de ninguna manera podemos “ser” felices. Persistiendo en poner atención a todo lo bueno que hay en nosotros y en nuestra vida, la felicidad sólo puede ser una consecuencia.

Asume una virtud, si es que no la tienes.

William Shakespeare

Para ser una persona feliz, ¡actúa como si lo fueras! ¿Cómo actúa una persona feliz? No hay más que observar a los niños: hacen las cosas con entusiasmo, con alegría, experimentan las cosas con gran intensidad, no tienen prejuicios. Actuando de modo positivo y alegre, contagiaremos esa felicidad a los demás, y atraeremos a más personas positivas a nuestra vida.

Es posible que estés pensando que lo que propongo es algo difícil porque las preocupaciones y los problemas están ahí, en tu día a día. Ciertamente pueden tener un efecto desgastante en nuestra dosis de positivismo y en nuestra anhelada o maltrecha felicidad. Poco o nada nos han enseñado acerca de cómo encarar las situaciones negativas, pocas veces se hace hincapié en que se puede y se deben afrontar de forma positiva además de constructiva. Pocos problemas carecen de solución, y si de verdad no la tienen, tal vez sea un claro indicador de que ha llegado la hora de un cambio, de pasar página y a otra cosa.

Está demostrado que nuestro subconsciente dirige nuestras vidas, y también que no distingue entre una broma y algo real. Por ello es vital actuar “como sí”; en el tema que nos ocupa, actuar como si fuéramos felices. El mejor modo de grabar a fuego en nuestro subconsciente los esquemas de comportamiento y paradigmas más positivos, es “haciendo” cosas que conlleven algo bueno. Hacer con entusiasmo y gozo todo lo que tenemos que hacer en nuestras vidas. Desde los momentos de ocio con nuestros amigos y seres queridos hasta la realización y consecución de todos los desafíos que nos propone la vida o que nos proponemos nosotros mismos: metas profesionales, metas personales, etc.

Como dice el dicho “El que hace lo que puede no está obligado a más”, y, además, le estamos comunicando a nuestro subconsciente que estamos viviendo intensamente, que estamos tomando acción y trabajando para superar obstáculos. Es entonces cuando tanto a nivel consciente como subconsciente, comenzamos a estar alineados con nosotros mismos, aprovechamos nuestra vida y nos sentimos felices. Es el mejor modo de que la felicidad sea lo normal en nuestras vidas.

Pongámonos a ello: la felicidad no es un fin, en realidad es un camino a recorrer; comportémonos con entusiasmo, como si ya fuéramos felices aunque no lo seamos, sólo de este modo aprenderemos a reconocer ese sendero luminoso y contagiaremos a otras personas.

Probemos a diario a sonreírnos a nosotros mismos usando un espejo, y casi mejor aún, sonriamos a los demás. ¿Quién sabe? Quizás haciendo esto estamos plantando la semilla de la felicidad en otras personas…

Amor Eterno…

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Cuenta una leyenda Sioux que Toro Bravo y Nube azul fueron a ver al brujo de la tribu el día que se prometieron para pedir su bendición y consejo. Cuando llegaron a su tienda, el brujo, un anciano sabio de mirada sosegada y dulce, los observaba con gran atención.

El joven, el más valeroso y fuerte de los guerreros, comenzó a hablar para expresar una inquietud que les preocupaba.

– “Nos amamos profundamente y queremos que nuestro amor tome su forma definitiva casándonos. Pero ambos tenemos miedo de no estar juntos siempre. Por eso hemos pensado que quizá podría proporcionarnos un talismán que proteja nuestro amor y estemos juntos”.

El anciano les miró pensativo al tiempo que sonreía, como si estuviera recordando algo. Unos instantes después, les dijo:

– “No existe talismán para eso, pero, tal vez haya algo que podáis hacer”.

Los enamorados asintieron con gran expectación.

– “Nube azul, deberás ir al monte de la Libertad y escalarlo sin que nadie te acompañe, y deberás encontrar al halcón, capturarlo vivo y traerlo aquí”.

La bella joven asintió. El sabio continuó hablando.

– “Toro Bravo, tú deberás desplazarte a la montaña de la Aceptación y deberás traer al águila más grande y hermosa que encuentres. Ambos tenéis tres días a partir de los primeros rayos de luz del nuevo día para realizar las misiones”.

La pareja mostró su gratitud al anciano y se marcharon a descansar para partir al alba.

Al tercer día, los jóvenes llegaron triunfantes a la tienda del sabio. Ambos habían conseguido finalizar sus misiones con éxito, llevaban las aves. El anciano les saludó con una sonrisa y les dio la enhorabuena.

– “¿Ya estamos protegidos?” – preguntó Toro Bravo. – “¿Nuestro amor durará toda la vida?” – Continuó Nube Azul.

– “No” – respondió el anciano. – “Falta la parte más importante. Para que alcancéis la protección que queréis, tenéis que atarlas por sus patas. Después, soltarlas para que vuelen”.

Los enamorados ataron a las aves y acto seguido las dejaron en libertad. El águila y el halcón daban varios saltos tratando de volar pero al estar atadas no podían más que avanzar unos metros y caer.

Después de muchos intentos fallidos, las aves, cansadas y enfurecidas, comenzaron a atacarse. Antes de que se hicieran más daño, el anciano cortó la cuerda que las ataba para que pudieran volar y a continuación les dijo:

– “Tened siempre presente lo que acabáis de presenciar. Esto es lo que me pedísteis hace tres días. Estar siempre juntos, unidos… Sois el águila y el halcón. Si os atáis aunque sea por amor verdadero, no podréis volar o vivir vuestras vidas y, además, terminaréis haciéndoos daño sin que lo podáis evitar… Si queréis que vuestro amor dure para siempre, volad juntos, pero nunca atados…”

Mi versión de una historia sobre el Amor que leí hace tiempo. ¡Feliz día de San Valentín!

AvesVolando

¿A quién le das tu poder?

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Se cuenta que estaba el filósofo Diógenes comiendo lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, el cual vivía muy bien porque adulaba continuamente al rey. Entonces, éste le dijo:

– “Si aprendieras a adular al rey, no tendrías que comer simples lentejas”.

– “Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”. – replicó Diógenes.

. . . . . .

Vivimos en una época de incertidumbres y cambios a causa de la crisis. Una de las incertidumbres es para las personas que trabajan por cuenta ajena, que no saben cuándo la empresa donde realizan su trabajo prescindirá de ellos.

No hay nada como los momentos de máxima presión y estrés para que salga el verdadero carácter de las personas. Es por esto que la supuesta crisis hace que muchos descubran su auténtico potencial y prosperen, porque de forma innata deciden poner su foco sobre lo que pueden hacer y no sobre la crisis; en contrapartida, otras personas se descubren a sí mismas poniendo atención a su entorno, a lo que no depende de ellos y olvidan explorar su potencial, cayendo así en una espiral negativa en lo personal y en la que optan por responsabilizar a otros de sus desdichas y de su fracaso laboral.

Estas personas “negativas” dedican su tiempo y energía en prestar atención a lo que roban unos, a lo que engañan otros, a las trampas que hacen algunas empresas… Regalan su poder personal en pos de resaltar los pecados y malhacer de personas que sólo contribuyen a corroborar que la mejor forma de hacer las cosas es actuar de modo excelente, que el mejor modo de ser y actuar es ser la mejor versión de uno mismo.

Las reglas de este juego son las mismas para todos, y sin embargo, unas personas se hunden y otras salen a flote. Da qué pensar, ¿verdad?

La anécdota del principio pone de manifiesto que puede haber dos actitudes muy claras: la que da poder a otros y basa su actitud en otros, y la que asume el poder propio, porque asume que depende de uno mismo lo que se haga o deje de hacer, es decir, lo que se consiga.

En las redes sociales hay muchos comentarios sobre políticos, corrupciones en general y demás cuestiones relacionadas. ¿Realmente merece la pena poner el foco sobre estas cosas? ¿Para qué sirve?

Está bien conocer lo que se “cuece” en el país en el que vivimos, en el mundo, pero recrearse en ello nos aleja cada vez más de solucionar nuestra situación personal, y por extensión, de solucionar la situación general.

Os invito a que centréis vuestra atención en personas fuertes, valerosas y positivas que ponen su esfuerzo en crear y dirigir su vida, en sembrar las semillas que les proporcionarán sólo los frutos que quieren o necesitan, porque es el modo en el que os contagiaréis de esa actitud positiva que consigue cualquier cosa.

El único modo real de salir de todo tipo de crisis: Asumir tu propio poder…

¡FELIZ NAVIDAD 2014!

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OTRA CANCIÓN DE NAVIDAD

Has sido un hombre sincero,
recto y bueno, nunca ruin.
Ni fuiste vil ni grosero,
has caminado un sendero
en que hoy crece el alhelí.

Digno de un premio te creo
y por haber sido así,
si te concedo un deseo…
¿Qué me pedirías? ¡Di!

– ¡Me sentiría tan honrado
por tu generosidad!…
¡¡Querría un número premiado
en el sorteo de Navidad!!

Cambiaría mi situación…
Sería mi compromiso
transformar en paraíso
una vida de aflicción.

A todos los que he querido
les cortaría el resuello
al comprarles todo aquello
de lo que nunca han tenido:

A mi mujer, la mejor,
un collar de oro de ley,
y para mi hijo el menor
una Xbox o una Play.

Un vestido plateado,
para mi hija preciosa,
y dos zapatos dorados.
Para el mayor otra cosa:
¡un Ferrari Testarosa!,
que es lo que siempre ha soñado.

Los abuelos vivirán
en el ambiente más sano:
en invierno junto al mar
y en la montaña en verano.

A mi sobrino la beca;
más daría al necesitado;
pagaría la hipoteca
de los que me piden prestado.

– ¡¿Regalos a tutiplén?!…
No es más rico el que más tiene…
Mas mereces todo el bien…
¡Sea! Hasta el año que viene.

Pero llegó el veintidós:
ningún décimo premiado.
A tantos planes… ¡adiós!
Adiós a lo más soñado…

II

– Un año más ha pasado
y es mayor tu compasión.
Si te concediera algo…
¿Cuál sería tu petición?

– Lo que hace un año pidiera
cuando tú me lo ofrecías,
sigue en estado de espera:
¡El Gordo en la Lotería!

Les cambiaría la vida
a los de mi alrededor…-
Y así el hombre repetía
sueños del año anterior.

– ¡Sea también este año!-
Pero al llegar el sorteo
sucedió igual que antaño:
en un pozo sus deseos,
el pozo del desengaño.

III

Y así, antes de Navidad,
desde la primera vez,
la luz, en la oscuridad,
le alababa su honradez.

“Cada Navidad colmada”,
le susurraba la luz;
y el hombre se lamentaba
“Nunca cara… ¡siempre cruz!”

Cada Navidad un sueño
se le ofrecía seguro…
Cada deseo navideño
se estrellaba contra un muro.

Y aunque el engaño doliera
sonreía al día siguiente,
volviendo a ser el que era,
dándose a toda su gente.

Siendo de amigos festejo,
siendo el sol para su esposa,
para sus hijos, espejo…
¡De todos poesía en prosa!

Año tras año volvía
la luz pura y plateada.
“¿Será esta vez?”, se decía
con una fe duplicada…
Y año tras año sentía
que su fe era burlada.

¡Qué gran hombre! ¡Tan discreto,
generoso y bienhechor!
¡Pobre hombre, que es objeto
de un anual sinsabor!

IV

Ya la última pavesa
se enfriaba en el fogón.
La sombra se hacía espesa
en toda la habitación.

Se acababa el veintiuno
bajo la luna invernal,
y el frío daba importuno
desde fuera en el cristal.

Su mujer dormía en la cama.
Él mostraba lo inusual
de dos lágrimas de drama
temblando en el lagrimal.

No era que ya no pudiera,
en la nueva Navidad,
darle un regalo cualquiera
aun sin ser de calidad…

Y no era que hoy sus manos
se descubrieran vacías
sin alegrar ya los días
a amigos, hijos y hermanos.

Era la señal tardía
de un prolongado fracaso;
la gota final que hacía
que ya rebosase el vaso.

Un vaso que estaba lleno
de amargor y sordo daño,
en el que ahogaba el veneno
de la crisis de ese año.

El vaso de la derrota
que, a pesar de su energía,
crecía con cada gota
del revés del día a día.

Ve que el tiempo se le agota
y cae en el suelo de hinojos…
Ahora ya esa última gota
es la que tiembla en sus ojos.

De pronto, una luz albina,
como surgiendo del techo,
cálida, suave y divina,
ilumina todo el lecho…

– Has vuelto a ser el mejor
por ser el más servicial,
daré a tu deseo color
porque Yo lo haré real.

– ¿Y otra vez te burlarás?
Años ha que te lo pido
y aunque siempre has consentido
luego nunca me lo das.
¿Te ríes de mí, quizás?
¿Por qué jamás has cumplido
mi deseo? ¡¿Por qué jamás?!

– ¡Pero si te he concedido
todo lo que me has pedido!
Viste a tus hijos crecer
sanos y muy bien nutridos,
cambiando gustos de ayer
por otros que han compartido.
Tu hija quería vestidos,
y hoy ya los luce mujer.

Has enjoyado a tu esposa
con tres enormes diamantes:
tres hijos la hacen dichosa
pues hoy brillan rutilantes.

¿Y no querías que ningún
mal sufrieran los abuelos?
Pues ahí los tienes aún,
su salud era tu anhelo.

Y ayudaste a tu sobrino
cuando estudió su carrera,
¡y por ti algunos vecinos
hoy conservan su vivienda!

Te di el más preciado bien,
renovado año tras año,
para que TÚ fueras quien
obrase todo el milagro:
Te di SALUD y también
se la di a tus allegados.

Él miraba aún hacia arriba
cuando la luz ya no estaba,
sin lágrimas en sus pupilas
y una perpleja mirada.

V

– ¡Mil seiscientos diecisiete!…
– ¡Miiil euros!…
Entonaban
dos vivarachos chiquetes,
mientras al tiempo insertaban
las bolas en su juguete.

– ¡Cuarenta mil veintitrés!…
– ¡Miiil euros!…
En su salón
ésta es la primera vez
que lo ve en televisión
sin un ardiente interés.

– ¡Veintidos mil ciento nueve!…
– ¡Miiil euros!…
No está afligido.
Sin décimos, se entretiene
realmente agradecido
de poseer lo que tiene.

– ¡Diecisiete mil quinientos dos!..
– ¡¡¡Tres millones de euros!!!
– Sí,
alguien, ¡bien lo sabe Dios!,
va a hacer a otro alguien feliz.
Se decía en su interior.

El móvil de pronto suena…
el fijo empieza a sonar…
y siguiendo la cadena
alguien llama en el portal.

Descuelga, abriendo la puerta…
¡gritos que le dejan sordo!…
– ¡¡Despierta, Ángel, despierta,
que nos ha tocao’ el Gordo!!

– ¿Qué?
Otros suben la escalera
con tres o cuatro zancadas,
le cogen, le llevan fuera
con sonrisas y en volandas.

– ¿Adónde vamos? ¿Qué os pasa?
– Lo que uno siempre sueña:
¡el Gordo!, que ya está en casa,
que ha caído en nuestra peña.

– ¿Es cierto? ¡Oh! ¡Qué alegría!
¡No me lo puedo creer!
¡Qué pena que yo este día
me lo tenga que perder!

¡Para una vez que no juego!…
¡No importa! De todos modos
ha caído a gente que quiero…
¡Cuánto me alegro por todos!

¡Pero más delicadeza!
Vayamos en condiciones,
que os acepto las cervezas
mas sobran los empujones.

Los tres amigos seguían
con la sonrisa en la cara,
y con zancadas que hacían
que el ritmo se acelerara.

Pero al doblar una esquina
se paran todos de pronto:
¡más gente que la de China
formando allí un medio corro!

Le miran muy agitados
con esa misma sonrisa
de los que le habían llevado
hasta allí con tanta prisa.

Y él les mira sorprendido…
¡Habría lo menos cien!,
y los ha reconocido
pues los conoce muy bien.

Se adelanta una señora…
– ¡Cuánto tiempo he deseado
poder vivir esta hora
que, por fin, nos ha llegado!

Toda esa deuda que tienes…
Mi marido está en tu banco
devolviéndote los bienes
de tantos y tantos años.

Y al igual que cuando alcanza
la chispa a la seca mecha,
desde el grupo se abalanzan
cien sonrisas satisfechas.

– Llévate este móvil… ¡prueba!
– Viaje de cinco a la playa…
– Este collar es para Eva…
– Espero que sea de tu talla…

El enjambre de regalos
se abrió con gran regocijo
cuando llegaron sus hijos
con un llavero en las manos.

Tras los primeros abrazos
y continuos lagrimones,
cogiéndole por el brazo
el mayor le dijo entonces:

– ¡Es que esto parece un cuento!
¡Cuántos días con sus noches
he esperado este momento!
Aquí tienes, papa… un coche,
gracias por ser nuestro ejemplo.

Sus lágrimas se vertían
Llenando esta vez un vaso
de contento y de alegría
y nunca más de fracaso.

Alzó la vista hacia el cielo
y entre lágrimas de gozo
volvió a sacar de aquel pozo
todos sus viejos anhelos.

Y al mirar justo a la paz
del lugar donde se sueña…
percibió un guiño fugaz
de la estrella navideña.

FELIZ NAVIDAD.

El cuento que acabas de leer está escrito por Paco de Benito Prous, una persona a la que admiro por muchos motivos, especialmente porque piensa en los demás y toma acción para ayudar… Él es un gran Amigo.

Muchas gracias otra vez, Paco, por tu maravilloso cuento, y por querer compartirlo en NeoParadigmas.

Lo dicho: ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

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