Una buena vida.

Share

Siguiendo el consejo de su prestigioso médico, un exitoso y acaudalado empresario se fue a descansar a un pequeño y encantador pueblo costero.

Aunque se había tomado su tiempo en elegir al directivo con más experiencia para delegar su trabajo, no podía dormir pensando en su empresa, así que antes de los primeros rayos de sol se fue a dar un paseo por la costa. Cuando llegó al muelle se encontró con un pescador que acababa de llegar en su barco. Observó con gran asombro la cantidad de pescado que desbordaba la embarcación.

Después de felicitarle por tan buen trabajo, el empresario comenzó a charlar con el pescador.

Buenos días señor. Mis más sinceras felicitaciones por tan buena faena. ¿Le ha llevado mucho tiempo pescar tanta cantidad? ¡Además son muy grandes!

Buenos días caballero. Algo más de dos horas. – Respondió el pescador.

¿Siempre logra tan buenos resultados en tan poco tiempo? – Preguntó con gran curiosidad el empresario.

No está bien que yo lo diga, pero soy la envidia de otros pescadores. Suelo conseguir en muy poco tiempo cantidad y calidad en mis faenas.

¿Y por qué no se queda más tiempo pescando?

La verdad es que con esto tengo más que suficiente para vivir bien. – Respondió con una gran sonrisa el pescador.

¿Y qué hace con tanto tiempo libre? – Inquirió el empresario tratando de disimular una ligera indignación.

Le voy a contar un poco de mi día a día: Después de vender el pescado aún es muy temprano, así que cuando llego a casa le preparo el desayuno a mi mujer y luego voy a despertarla con un gran abrazo. Paso la mañana realizando algunas labores de la casa, también me da tiempo para mis aficiones: leer, escribir, hacer ejercicio, grabar vídeos sobre pesca que subo a YouTube… Después de comer disfruto de una siesta, luego voy a buscar a mis hijos al colegio, les llevo a casa, les ayudo a hacer sus deberes, y aún me da tiempo para hacer otras cosas. Por las noches quedo con mis amigos para jugar a las cartas o tener amenas tertulias. Según el día hago lo que toca y lo que me apetece. En definitiva, trato de disfrutar y aprovechar mi tiempo libre de cada jornada. Tengo una buena vida.

El empresario, se quedó pensativo unos instantes. Luego esbozó una sonrisa, y con tono confiado y autoritario, dijo:

Permítame señor. Como usted decía antes, no está bien que yo lo diga, pero soy un empresario que ha logrado grandes cosas en mi sector. Tengo una dilatada experiencia en los negocios, y no ha habido proyecto en el que no haya alcanzado la excelencia. Por eso creo que estoy en disposición de darle algún buen consejo para mejorar su situación, si usted quiere.

— Claro, le agradezco su interés. Cuénteme.

— Mire, creo que debería aprovechar ese tiempo que tiene libre, que es mucho, y visto que tiene una gran capacidad para la pesca, podría comprar un barco más grande y comenzar a pescar durante más tiempo más cantidad. Luego podría empezar a contratar a otros pescadores y sistematizar su proceso de pesca, que al parecer es óptimo, para que lo pudieran hacer varias personas. De este modo, en… quizá un par de años… para ser más preciso tendría que estudiar su caso con más profundidad, podría comprar más barcos, hacer una flota utilizando el mismo sistema, y así de este modo ganar mucho más dinero, que podría seguir reinvirtiendo para optimizar aún más el sistema, los costes y los beneficios. 

Aquí el empresario hizo una «pausa dramática» para generar más expectativa todavía. Segundos después, prosiguió.

— Por supuesto, en lugar de vender su producción a intermediarios, con las grandes ganancias conseguidas podría comprar su propio almacén para enlatar el pescado, y así vender directamente al consumidor final, con lo que aumentarían aún más sus beneficios. Esto conllevaría que tendría que ir a vivir a la capital donde pondría la sede de su empresa, y la dirigiría con un buen equipo directivo…

El pescador no pudo evitar interrumpir el impetuoso alegato del empresario.

Pero dígame, ¿cuánto tiempo tardaría en llegar a ese punto?

— Puede que diez o quizá quince años como mucho.

— ¿Y qué pasará cuando logre todo eso?

El empresario esbozó una gran sonrisa y se apresuró a contestar.

Esta es la mejor parte. Una vez haya conseguido crear una gran empresa y sea millonario, podría venderla o tal vez hacer que cotizara en bolsa y vender sus acciones, con lo que usted se haría aún más rico.

— Ah… Suena bien. ¿Y luego?

— Podría irse a vivir a un bonito y tranquilo pueblo costero donde tendría todo el tiempo del mundo para hacer lo que quisiera. Tendría una buena vida…

 Narración original escrita por mí basada en otra del libro «La jornada laboral de 4 horas», de Timothy Ferriss, editorial RBA.

. . . . . .

Como cualquier ser humano, los protagonistas lo que quieren al final es tener una «buena vida» desde actitudes muy diferentes, fiel reflejo de sus esquemas mentales.

La primera conclusión a la que podemos llegar con esta pequeña historia es que para ser feliz no hace falta crear grandes empresas ni disponer de mucho dinero. El empresario ha alcanzado gran éxito y mucho dinero con su empresa, pero no disfruta demasiado de lo que ese triunfo le brinda; sin embargo el pescador, con unos méritos en apariencia más modestos, tiene mucho tiempo libre que sabe organizar para que sea productivo en lo personal y que disfruta al máximo, en definitiva, vive feliz. Por lo tanto, la conclusión fácil es que no hace falta tener mucho dinero, lo que importa es tener tiempo y saber disfrutar de la vida, aunque ciertamente el dinero nos proporciona posibilidades y medios que sin él no son posibles.

Pero vamos a profundizar más en la interpretación de la historia.

Como hacen muchas personas, el empresario pretende dar al pescador una lección magistral basada en su experiencia y esquemas mentales, sin tener en cuenta lo que realmente quiere el pescador y sus preferencias. Le explica el modo de lograr una gran empresa que le permita ganar más dinero para así poder disfrutar de más tiempo y de una «buena vida». Sin embargo el objetivo de su planteamiento conlleva una gran ironía: el pescador ya vive muy bien, dispone de mucho tiempo y hace prácticamente lo que quiere, algo que el empresario es incapaz de ver debido a su modo de entender las cosas.

¿Cuál de los dos tiene mejor planteamiento de vida? El empresario ha conseguido crear una exitosa empresa y es rico, lo que en teoría le proporciona capacidad para hacer lo que quiera y tiempo. El pescador no es millonario, aunque a su manera también tiene éxito porque consigue pescar mucho en poco tiempo, lo cual le proporciona el dinero que necesita para vivir y dispone de mucho tiempo libre que sabe disfrutar.

Cada cual ha conseguido lo que quiere aunque uno lo sepa disfrutar más que el otro en este caso, lo cual evidencia que el objetivo no importa tanto. Una vez alcanzada la meta, la sabremos disfrutar más o menos, y habremos superado el desafío que nos hizo salir de la zona de confort, que nos hizo relacionarnos, conocer nuevas personas, desarrollar nuevas habilidades, aptitudes… en definitiva, evolucionar.

Por lo tanto, es el camino que hay que recorrer para alcanzar la meta que deseamos lo que importa, lo que nos aporta. Es el camino y no el destino, lo que hace que crezcamos, lo que nos hace más fuertes, más capaces, más sabios… En definitiva, lo que nos hace evolucionar y crecer, y aunque finalmente no alcancemos lo que queríamos, seguramente por el camino hayamos encontrado algo aún mejor. Y esto sólo sucede si actuamos y trabajamos para alcanzar nuestros sueños.

El deseo de lo que queremos lograr ha de surgir de lo más profundo de nuestro corazón, pero si nos cuesta conectar con nuestra esencia y por lo tanto desconocemos lo que queremos, recorrer un camino con propósito nos ayudará a conectar con nosotros mismos. Al lanzarnos al agua aún con cierta incertidumbre, al tomar acción, terminaremos conectando con lo que queremos en lo más profundo de nuestro corazón, porque con toda seguridad viviremos una gran aventura que nos hará crecer en todos los sentidos.

Tener una «buena vida»… ¿Y en qué consiste exactamente eso? En recorrer el camino que nos dicta el corazón y disfrutar del viaje.

El corazón arrugado.

Share

Los gritos de una niña llamaron la atención de un hombre que salía de comprar en una papelería. Observó que estaba regañando al que parecía ser su hermano por las cosas que le decía. Le estaba gritando e insultando duramente. El hombre observó pensativo la escena. Segundos después, tuvo una idea…

Se acercó a la pareja y les saludó con un tono de voz que invitaba a la calma. La niña paró bruscamente de gritar y le miró con curiosidad. Entonces el hombre le dio una hoja de papel y unas tijeras.

¿Para qué me das esto? – Preguntó la niña.

Por favor, recorta el papel para que tenga forma de corazón. Luego te explico el motivo.

La niña no entendía nada, pero guiada por la curiosidad, hizo lo que el hombre le pidió. Recortó el papel y logró un corazón muy bonito. El hombre continuó con sus extrañas peticiones.

¿Te parece que el papel está arrugado?

No, está liso.

Vamos a hacer una pequeña prueba. Dobla y arruga el corazón de papel todo lo que puedas.

La niña seguía sin entender qué pretendía el hombre, pero cada vez sentía más curiosidad, así que obedeció. Pasados unos segundos manipulando el papel para arrugarlo, el hombre le pidió que lo extendiera y lo dejara tan liso como estaba al principio.

¡No se puede, eso es imposible! – Exclamó la niña.

El hombre la miró fijamente y dijo:

Así es. Por mucho que intentes alisar el corazón de papel nunca llegará a estar completamente liso como al principio, quedarán arrugas. De igual manera, cuando gritas, insultas o faltas al respeto a tu hermano o a cualquier persona, aunque después quieras arreglarlo, será muy difícil, a veces imposible, reparar el daño que has hecho a esa persona y a vuestra relación. Los sentimientos… el ‘corazón’ de la persona a la que hayas ofendido o hecho daño, estará como el del papel, ‘arrugado’, y será muy complicado quitarle las arrugas.

Las palabras del hombre conmovieron profundamente a la niña porque se dio cuenta de lo mal que había tratado a su hermano y del sufrimiento que había provocado en él. Con los ojos llenos de lágrimas, le abrazó con fuerza y le pidió perdón. El hombre sonrió emocionado y añadió:

Estoy seguro de que no eras consciente del daño que estabas haciendo. Afortunadamente, las personas no somos un trozo de papel y con la actitud adecuada y tiempo, podemos arreglar nuestros errores.

Historia original de Javier Martín.

¿Qué peinado me voy a hacer hoy?

Share

Después del primer estiramiento de la mañana, la anciana mujer se acercó al espejo y vio que le quedaban tan sólo tres pelos en la cabeza.

¿Qué peinado me voy a hacer hoy…? A ver, a ver… Creo que me voy a hacer una trenza. – Pensó en voz alta. Así se peinó y se sintió fenomenal.

Veinticuatro horas después, al levantarse, volvió a mirarse al espejo y comprobó que le quedaban dos pelos.

¿Qué hago con dos pelos? A ver… Ya sé, me peinaré con la raya en medio. – Concluyó, y pasó feliz el resto del día.

Al día siguiente, vio que sólo le quedaba un pelo.

¡Hoy no me voy a demorar ni un segundo en mi decisión! ¡Me haré una cola de caballo! – Y con una amplia sonrisa, comenzó el día de la mejor manera posible.

La mañana siguiente, observó que no le quedaba ni un pelo…

¡Estupendo! ¡Hoy no me tendré que peinar! – Y comenzó el día con un entusiasmo que duró toda la jornada…

Historia original de Javier Martín a partir de otra vista en Internet.

. . . . . .

Cómo interpretes las circunstancias marcará lo que vas a hacer y por lo tanto, el resultado. Lo que pienses de una persona, marcará tu actitud con ella y por lo tanto, la relación. Por eso, cuida lo que piensas, porque esos pensamientos definirán cómo vas a influir en los acontecimientos…

Los juicios o prejuicios que forman la actitud (imagen) es lo que te devolverá la vida (espejo).

Siendo consciente de esto, ¿qué «peinado» te vas a hacer a partir de ahora?

 

Tener un porqué para soportar cualquier cómo…

Share

El que tiene un porqué, puede soportar cualquier cómo.

Friedrich Nietzsche

Más de seis millones de judíos fueron asesinados y masacrados en los campos de concentración nazis de la segunda guerra mundial. No importa lo que hayas leído o visto en películas, es muy probable que lo que se ha mostrado en la ficción acerca de aquellos sucesos, sea sólo una sombra de lo que pasó en realidad.

El psiquiatra judío Viktor Frankl sobrevivió al holocausto nazi. Vivir esa atroz experiencia le procuró un experiencia vital que hizo de su psique una auténtica fortaleza. Tiempo después de que acabara la guerra escribió su historia, un relato que pone de manifiesto sus esquemas mentales, su pensamiento como superviviente. El libro donde cuenta lo que vivió se llama El hombre en busca de sentido. Se trata de una de esas obras que no se puede dejar de leer porque es inmensamente interesante y porque pone de manifiesto hasta dónde puede llegar y lo que puede superar un ser humano con los pensamientos, creencias o paradigmas adecuados.

Este hombre logró sobrevivir en el peor de los entornos posibles tanto a nivel físico como psicológico no enfocándose en lo que estaba experimentando, las humillaciones, las muertes y maltratos de los que era testigo; lo que hizo fue imaginarse a sí mismo dando conferencias sobre la experiencia que había vivido en el holocausto y cómo lo había superado, y lo imaginó con intensidad y constantemente, añadiendo cada día más detalles, sintiendo y asumiendo como si ya estuviera dando esas conferencias.

Su historia y ejemplo hace patente que para poder superar cualquier situación, tenemos que enfocarnos en una meta que tenga que ver con lo que estamos viviendo o padeciendo, pero que nos dé la fuerza necesaria. El modo de superar cualquier cosa consiste en enfocarse en algo relacionado con lo que estamos viviendo pero que lo trascienda, tal como hizo Viktor. Él se dio cuenta de que se nos puede quitar todo excepto una cosa: la elección de la actitud frente a cualquier circunstancia, por adversa y difícil que sea.

En definitiva, Viktor es el ejemplo de que la manera trascender cualquier circunstancia por dura que sea es encontrarle un sentido, un porqué o para qué. No se trata de ignorar, sino de dar un sentido.

No siempre será fácil encontrar un sentido a lo que nos sucede. Pero si Viktor fue capaz de dárselo a la inimaginablemente cruda y adversa experiencia que vivió en los campos de concentración, nosotros también podemos encontrar sentido a todo.

¿Qué tipo de conocimientos me va a dar esto que estoy viviendo?
¿Qué me va a aportar este suceso?
¿De qué manera podré aprovechar la experiencia que me está dando esta situación?

Y otras preguntas en esta línea pueden darnos pistas para encontrarle un sentido, un porqué o para qué. Esto nos dará el coraje y la fuerza suficientes para superar cualquier situación. La resiliencia, la capacidad de superar cualquier circunstancia, tiene mucho que ver con esta forma de enfocar las situaciones adversas.

Hemos de ser conscientes de que se le puede encontrar un punto positivo a cualquier situación. De hecho, lo mejor suele surgir de lo «peor». En realidad, no hay circunstancias positivas o negativas. Todas las circunstancias aportan. Lo que aporten, depende de cómo las interpretemos. Cuando notes que algo te está lastrando, cambia el modo en el que lo evalúas o juzgas.

Como interpretamos un hecho o situación marca la diferencia.

 

Los Versos Áureos.

Share

Honra ante todo a los dioses inmortales
según establece la ley. Respeta la palabra dada.

Honra luego a los héroes glorificados, y consagra por fin
a los genios terrestres, rindiéndoles también debido culto.

Honra a tu padre, a tu madre y a tus próximos parientes.

Escoge por amigo al más destacado en virtud,
atiende sus dulces advertencias, y aprende de sus ejemplos.

Discúlpale sus faltas mientras puedas,
evitando todo juicio severo; ya que lo posible
se halla cerca de lo necesario. Sé razonable.

Acepta las cosas como son. Acostúmbrate a vencerte.

Sé sobrio en el comer, activo y casto.

Nunca cometas actos deshonestos de los que puedas luego avergonzarte,
ni en privado ni en público. Ante todo, respétate a ti mismo.

Observa la justicia en acciones y palabras.

Nunca te comportes sin regla ni razón.
Piensa que el Hado ordena a todo morir,
y que los fáciles honores y bienes de fortuna son inciertos;
que las pruebas de la vida vienen por voluntad divina.

Sea adversa o favorable, alégrate siempre de tu suerte,
mas trata con noble tesón de mejorarla.

Piensa que el destino es más benévolo para los buenos
que comprenden y a sus designios se ajustan.

Mucho se habla y mucho se enjuicia sobre diversos temas.

No los acojas con admiración ni tampoco los rechaces.

Más si advirtieres que el error triunfa,
ármate de paciencia y de dulzura.

Observa estas razones en toda circunstancia:

Que nadie te induzca con palabras o actos
a decir o a hacer lo que no te corresponda.

De insensatos es hablar y obrar sin premeditación.

Consulta, delibera, y elige la más noble conducta.

Trata de edificar sobre el presente
lo que ha de ser realidad futura.

No alardees de lo que no entiendas,
pero aprende siempre y en toda circunstancia,
y la satisfacción será su resultado.

Jamás descuides la salud del cuerpo.

Dale con mesura alimento, bebida, ejercicio y descanso,
ya que armonía es todo aquello que no perjudica.

Habitúate a vivir sencilla y pulcramente.

Evita siempre provocar la envidia.

No realices dispendios excesivos
como aquellos que ignoran la medida de lo bello.

No seas avaro ni mezquino, y elige en todo
un justo medio razonable.

No te empeñes en hacer lo que pueda perjudicarte.

Reflexiona bien antes de obrar.

No permitas que cierre el dulce sueño tus párpados
sin analizar las acciones del día.

¿Qué hice? ¿En qué falté? ¿Qué dejé de hacer que debiera haber hecho?

Y si en el examen hallas falta, trata de enmendarte;
mas si has obrado bien, regocíjate de ello.

Trata de practicar estos preceptos. Medítalos y ámalos,
que ellos te conducirán por la senda de la virtud divina.

Lo juro por aquél que ha transmitido a nuestra alma
la Tétrada Sagrada, inmenso y puro símbolo,
fuente de la naturaleza, de curso eterno.

No inicies obra alguna sin antes rogar a los dioses
que en ella colaboren. Y cuando te hayas familiarizado
con estas costumbres, sondearás la esencia de hombres y dioses
y conocerás, de todo, el principio y el fin.

Sabrás también oportunamente
la unidad de la naturaleza en todas sus formas.

Nunca entonces esperarás lo inesperable,
y nada te será ocultado.

Sabrás también que los males que aquejan a los hombres
han sido por ellos mismos generados.

En su pequeñez, no saben ver ni entienden
que tienen muy cerca los mayores bienes. Pocos conocen
e1 secreto de la felicidad, y ruedan como objetos
de acá para allá, abrumados de múltiples pesares.

La aflictiva discordia innata en ellos limita su existencia
sin que se den cuenta. No conviene provocarla,
sino vencerla, a menudo, cediendo. ¡O Zeus inmenso, padre de los hombres!

Tú puedes liberar a todos de los males que les agobian
si les muestras el genio que les sirve.

Mas ten valor, que la raza humana es divina.

La sagrada naturaleza te irá revelando a su hora,
sus más ocultos misterios. Si te hace partícipe de ellos,
fácilmente lograrás la perfección.

Y sanada tu alma, te verás libre de todos los males.
Ahora abstente de carnes, que hemos prohibido en las purificaciones.
Libera poco a poco tu alma, discierne lo justo, y aprende
el significado de las cosas.

Deja que te conduzca siempre la inteligencia soberana,
y cuando emancipado de la materia seas recibido en el éter puro y libre,
vencerás como un dios a la muerte con la inmortalidad.

. . . . . .

El texto que acabas de leer son los Versos Dorados de Pitágoras, aunque también se especula con la posibilidad de que se trate de una recopilación de las enseñanzas de este sabio por parte de uno de sus discípulos.

Se consideraban un mapa del camino práctico hacia la sabiduría divina. Expresan con claridad el compromiso de vida de los pitagóricos de todos los tiempos. Su mensaje, atemporal, resulta tan actual como en la Grecia y Roma antiguas.

En el mundo que vivimos hoy día de cambio hacia una sociedad global y democrática, los Versos están plenamente vigentes, ya que hablan de un camino a nuestra regeneración como cimiento esencial para alcanzar colectivamente la auténtica sabiduría.

 

La niña y la muñeca.

Share

Precisamente en el día de los enamorados, se encontraba un anciano con la sensación más agria que dulce de disfrutar su recién estrenada jubilación con el reciente fallecimiento de su amada esposa. Caminaba despacio por el parque cercano a su casa tratando de disfrutar de cada paso, tal y como hacía cuando paseaba con su difunta mujer. Se sentía muy triste por ese suceso cruel aunque inevitable de la vida. Sólo su mentalidad profunda y filosófica le permitía tener su alma de una sola pieza.

Quizá fue por eso que el destino hizo que escuchara llorar a una persona de voz muy joven cerca de donde él se encontraba. El hombre fue corriendo a ver qué sucedía y se encontró con una niña llorando desconsoladamente.

— ¿Qué te sucede cariño? ¿Por qué lloras?

— Estaba jugando con mis amiguitas y he perdido mi muñeca. La hemos buscado por todas partes y no la hemos encontrado. – Dijo la niña con gran sofocón.

Aunque para el hombre era algo sin importancia, pudo empatizar con la pérdida de la niña. Para ella, esa muñeca era muy importante y la había perdido… En cierto modo, salvando las distancias, se vio a sí mismo reflejado en esa niña.

Mientras trataba de tranquilizarla hablándole con gran dulzura, el hombre pensó en cómo podía aliviarle el sufrimiento. De repente se le ocurrió una idea.

— No te preocupes pequeña, estaré un buen rato por aquí. Recorreré todo el parque para buscar tu muñeca. Vete a casa tranquila, la buscaré por todas partes. Mañana estaré aquí a esta misma hora y te la devolveré si la encuentro.

La niña asintió un poco aliviada y se despidió. El anciano la observó con compasión mientras se alejaba y comenzaba a buscar a la muñeca con pocas esperanzas de encontrarla. Siguió pensando en los detalles de su plan por si finalmente no encontraba la muñeca, que fue justo lo que pasó.

Al día siguiente, estaba la niña esperándole a la misma hora y en el mismo lugar. Él le explicó que vio a la muñeca que se marchaba, pero que le había dado una carta para ella en la que la muñeca le decía a la niña lo siguiente:

«No llores por favor. Me he marchado para viajar mucho y conocer el mundo,

pero te escribiré a menudo para contarte mis aventuras».

Y ese fue el inicio de muchas cartas. Cuando la niña y el hombre coincidían en el parque, él casi siempre llevaba una nueva carta de parte de la muñeca perdida. Eran cartas muy entretenidas, llenas de anécdotas graciosas, pero sobre todo, de cariño. La niña disfrutaba escuchando el contenido de las cartas y pronto se mitigó su tristeza.

Un día el hombre decidió marcharse a vivir a otro lugar, no sin antes tener un último encuentro con la niña en el que le regaló una muñeca nueva. Era diferente a la que perdió, pero se explicaba en una última carta:

«Las experiencias que he vivido en los viajes me han cambiado».

Muchos años después, los ojos de la niña que ahora son de mujer y que una vez lloraron por la muñeca perdida, se encontraban mirando la que era una muñeca muy bonita regalada por alguien que se preocupó por que ella no sufriera. Recordaba con gran cariño al hombre mayor que supo hacer valer la inocencia infantil que tenía entonces para borrar su dolor con la original y tierna ocurrencia de las cartas que le escribía su muñeca viajera.

Mirando con detenimiento a la muñeca que le regaló el anciano, se percató de una grieta en su espalda. Dentro de esa grieta había un papel ya amarillento por el paso de los años en el que había escrito lo siguiente:

«En esta vida las cosas y personas que amamos acabarán yéndose de un modo u otro, pero,

al final, el amor volverá, aunque sea de un modo diferente…»

Narración original escrita por mí basada en una parte del libro «Kafka y la muñeca viajera» que trata de reconstruir la enigmática amistad entre el escritor Kafka, nacido en Praga y considerado uno de los más importantes autores del siglo XX, y una niña alemana, entre los años 1923 y 1924. El autor del libro es el escritor catalán Jordi Sierra i Fabra.

Como en la mayoría de las webs, usamos cookies. Si continúas aceptas su uso. Más información

El acceso a esta web puede implicar la utilización de cookies. Las cookies son pequeñas cantidades de información que se almacenan en tu navegador para su posterior uso en determinadas circunstancias. Por ejemplo, esta información permite identificarte como un usuario concreto y guardar tus preferencias personales así como información técnica, como puede ser número de visitas, páginas que visites, etc., a fin de mejorar la experiencia en la navegación. Si no quieres que tu navegador reciba cookies o quieres ser informado antes de que se almacenen, puedes configurarlo a tal efecto. Los navegadores actuales permiten la gestión de las cookies de 3 formas diferentes: 1. Las cookies no se aceptan nunca. 2. El navegador pregunta al usuario si se debe aceptar cada cookie. 3. Las cookies se aceptan siempre. Puedes encontrar estas opciones en la parte de configuración de tu navegador.

Pulsa aquí para cerrar esta ventana