¿Qué hago hoy para hacerte feliz?

En una entrevista de hace un par de años publicada en la revista AR, realizada a dos de los principales protagonistas de la serie «Águila Roja», David Janer (Águila Roja),  y Francis Lorenzo (El Comisario), les hacen la siguiente pregunta:

«¿Qué os hace ser mejores personas?»

Ellos respondieron:

David Janer: La familia y los amigos. Cuanto mejor eres contigo mismo, mejor vas a ser con los demás. No vas a cambiar el mundo, ¡ojalá yo tuviese las facultades de Águila Roja! Pero, al menos, que ese microcosmos que está a tu alrededor lo puedas mejorar. Es una batalla continua.

Francis Lorenzo: A mí me hace ser mejor persona lo que aprendo de mis amigos, los de verdad. Y luego, tengo dos hijos y una mujer a los que adoro. Llevo casi 30 años con ella y nuestro lema sigue siendo: “¿Qué hago hoy para hacerte feliz?”.

No puedo estar más de acuerdo con ambos.

No se trata de… «vivir en los mundos de Yupi» (expresión que proviene del título de un programa de televisión para niños en España, que se caracterizaba por ser un mundo «demasiado» bonito, feliz y/o alegre). No. Se trata de una actitud inteligente y bondadosa: nada es más beneficioso para todos que empatizar y confraternizar, nada atrae mayor prosperidad que ayudar a nuestros semejantes.

Las situaciones negativas que existen en el mundo son el resultado del miedo, lo que provoca desconfianza, críticas, traiciones, egoísmo, etc. Precisamente, carencia de felicidad, alegría, amor…

Es mucho más ingenuo pensar que el único modo de «sobrevivir», es siendo tan «malo» como los demás. Es mucho más inocente pensar que el mundo está lleno de personas malas y egoístas. Esto sólo es una verdad a medias.

Ciertamente, hay personas que se mueven por motivos cuestionables y egoístas. Pero afirmar que todo el mundo es o actúa así, obedece a un modo absolutamente sesgado de apreciar la realidad, ya que sólo se enfoca en las «malas acciones», porque… ¿no es cierto que también hay personas que ayudan desinteresadamente a los demás? Personas que regalan su tiempo y su trabajo para ayudar a quienes lo necesitan. O personas normales, que se limitan a regalar sonrisas y a tratar a los demás de la mejor forma posible. Sencillamente porque sí, porque les apetece, o les sale así. O tal vez porque en alguna parte de su subconsciente han comprendido que la forma de tratar al prójimo es la forma en que se tratan a sí mismos. Porque tal vez han comprendido, consciente o inconscientemente, que cuando tratamos mal a los demás, al final repercutirá en nosotros.

La bondad tiene que ver con la creación, con una naturaleza positiva de construcción y de unión. Construir requiere un determinado tipo de energía muy potente y de inteligencia. Requiere de Amor. Se puede afirmar sin temor a error, que la Bondad y el Amor tienen más que ver con una Inteligencia Suprema que con la inocencia o la ingenuidad.

Tenedlo presente: si queremos prosperar como personas y como grupo global, si la humanidad avanza y evoluciona, no será con actitudes egoístas o malvadas, será si somos nuestra mejor versión con los demás, si aportamos la mejor versión de nuestros actos al mundo… Sencillamente, haciendo felices a las personas.

Por eso, la pregunta «¿Qué hago hoy para hacerte feliz?», me parece tremendamente acertada…

Felicidad Conjunta

 

 

 

El lado positivo del mensaje

En un tiempo lejano, un rey pasó una noche muy mala por culpa de una pesadilla en la que veía que se le caían todos sus dientes.

Por la mañana era tal el desasosiego que le producía recordar el mal sueño, que quiso preguntar qué podía significar a su consejero más anciano y sabio, pero se encontraba de viaje, así que mandó llamar al aprendiz de éste.

Una vez escuchó al nervioso rey, el joven le dijo:

¡Qué mala suerte majestad! En un sueño, los dientes representan a sus familiares, y si estos se caen, significa que morirán todos ellos.

El rey, que sintió el rechazo más absoluto a lo que acababa de escuchar, montó en cólera y ordenó encerrar al joven aprendiz del consejero hasta nuevo aviso.

Justo en ese momento, el consejero más anciano y sabio entraba por la puerta de la sala. Acababa de llegar de su viaje.

Naturalmente, de inmediato el rey le contó la susodicha pesadilla. El joven quiso advertir al anciano, pero no había manera de hacerlo sin que el rey se diera cuenta. El anciano, que reparó en la cara desencajada del joven, se quedó pensativo, y unos instantes después, le contestó al rey:

—Majestad, quédese completamente tranquilo. Ese sueño lo único que quiere decir, es que vivirá más tiempo que sus parientes.

El rey suspiró aliviado, y una amplia sonrisa se dibujó en su cara. Fue tal su alegría, que recompensó a su sabio consejero con un cofre lleno de alhajas.

Unas horas después, el anciano fue a las mazmorras a ver a su joven aprendiz. Había conseguido que el rey fuera indulgente con él y le iba a soltar. El joven, no pudo evitar preguntarle al anciano consejero:

—Señor, ¿cómo es posible que el rey le recompensara si la interpretación que le dio del sueño fue prácticamente la misma que la mía?

Seguro que en el fondo lo sabes… Lo único que hice, fue poner el foco en el lado positivo del mensaje…

Versión de Javier Martín de la fábula «El rey y la pesadilla».

Todos sabemos que hay muchos modos de decir o expresar las cosas. Sin embargo, no siempre aplicamos un modo de decirlo empático, teniendo en cuenta a la persona que tenemos delante, sus sentimientos y circunstancias.

Para una comunicación eficaz y productiva, es necesaria la sinceridad y un enfoque positivo. Que nuestras palabras reflejen los hechos, influirá de forma definitiva en lo que vamos a transmitir a través de la parte no verbal del mensaje (tono de voz, lenguaje corporal), que tiene mucho más peso y transmite más que las palabras. Y se puede relatar los hechos o lo que sea que queramos o necesitemos decir, obviando la parte negativa, enfocándonos en su lado positivo. No sólo es posible, es necesario para que la otra persona se sienta bien y por lo tanto capte mucho mejor el mensaje, lo acepte y lo asimile.

Siempre que nos enfoquemos en el lado positivo, todo irá bien. Garantizado 😉

Como es dentro es fuera

«Ciertas personas convierten en mal humor todo lo que ingieren, aunque el alimento sea sano. La falta no está en el alimento, sino en su temperamento, que hace alterar los alimentos. De la misma manera, si nuestra alma tiene una mala disposición, todo le hace mal; incluso las cosas útiles las transforma en nocivas para ella. Si alguien pone unas pocas hierbas amargas en un pote de miel, ¿no alterarán el pote entero haciendo que la miel se vuelva toda ella amarga? Eso es lo que nosotros hacemos: difundimos algo de nuestra amargura y destruimos el bien del prójimo cuando le miramos según nuestra mala disposición.

He oído decir de un hermano que, si yendo a ver a otro encuentra su celda dejada y en desorden, se dice para sí mismo: «¡Cuán dichoso es este hermano de estar completamente desasido de las cosas terrestres y de llevar su espíritu siempre en lo alto, que no tiene ni tan sólo el placer de arreglar su celda!» Si a continuación va a la celda de otro hermano y la encuentra arreglada, limpia y en orden, se dice: «¡La celda de este hermano está tan limpia como su alma. El estado de su celda corresponde al estado de su alma!» Jamás dice de ninguno: «Éste es desordenado» o bien: «Éste es frívolo». Gracias a su excelente estado saca siempre provecho de todo. Que Dios, en su gran bondad, nos dé, a nosotros también, un buen estado interior para que podamos aprovecharnos de todo y jamás pensemos mal del prójimo. Si nuestra malicia nos inspira malos juicios o sospechas, la transformémoslas rápidamente en buenos pensamientos. Puesto que no ver el mal del prójimo, con la ayuda de Dios, engendra bondad».

Doroteo de Gaza, fragmento de la Carta nº 1.

Doroteo de Gaza fue un monje que vivió en la zona de Gaza allá por el año 540. Se conoce poco de su vida y obras, porque su monasterio fue arrasado por la invasión musulmana del siglo VII.

Gracias a Álvaro Menéndez por enviarme el texto.

Lo que vemos en los demás es un reflejo de nosotros, y además, esa visión, juicio o prejuicio que tengamos, condicionará severamente nuestra interacción con la persona o entorno en cuestión. ¿No es más que evidente que es mucho mejor ver o buscar el lado bueno de las personas o de las cosas, que ver el malo? Entonces, ¿por qué a veces no lo ponemos en práctica?

Habrá quien diga que hay que ver ambas caras. Desde luego. No obstante, yo me preguntaría: ¿cuál de las opiniones o interpretaciones sobre algo o alguien, provoca o crea en nosotros una actitud más constructiva y provechosa? Difícilmente podremos ser constructivos si sólo nos centramos en lo negativo…

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Lo que roba tu fuerza vital

¿Qué roba nuestra fuerza vital o energía?

No cuidar de nuestra salud. Estar bien alimentados, hacer ejercicio, descansar y adoptar costumbres saludables, es vital para disponer de energía, vitalidad y capacidad de regeneración en nuestro cuerpo. Es quizá lo más obvio, pero también quizá sea lo que más descuidamos.

No aprovechar las oportunidades. Es algo que con toda seguridad, acabará afectando la autoestima, porque percibiremos y sentiremos que hemos desperdiciado algo que era muy conveniente para nosotros.

Ladrón de energíaEstar cerca de personas que continuamente se quejan, que no hacen otra cosa que «compartir» problemas, historias negativas, miedos… Personas que juzgan, prejuzgan a los demás y echan toda esa basura o negatividad sobre nosotros.

Tener deudas. Tener deudas pendientes consumen nuestra psique a nivel consciente e inconsciente, y por lo tanto, baja nuestra energía.

No cumplir con nuestra palabra. Tener asuntos sin concluir, definitivamente, quema nuestra energía. Si por algún motivo no se puede cumplir o cuesta, al menos buscar el modo de compensar, buscar una alternativa satisfactoria para de algún modo cumplir con lo prometido. Lo mejor es comprometerse sólo con aquellas cosas que podamos y queramos cumplir.

No estar bien organizado. No tener la casa y nuestras cosas ordenadas, guardar y acumular cosas que no nos sirven, es algo que a muchos niveles, especialmente en el subconsciente, nos hace perder energía.

No afrontar situaciones negativas que requieren acción, una solución. Es necesario afrontarlas y resolverlas cuanto antes. Tomar acción de la forma más positiva y constructiva posible.

No asumir o no aceptar. Cuando asumimos o aceptamos una situación, no significa que nos rindamos o nos resignemos. Es necesario aprender a distinguir lo que es alcanzable de lo que no. De este modo no gastaremos tiempo y energía en perseguir proyectos irrealizables o imposibles. Enfocarnos y trabajar por todo lo que podemos mejorar, cambiar y por lo tanto, nos haga sentir bien.

No perdonar. El perdón es la mejor manera de romper vínculos negativos que restan energía a nuestra mente y a nuestro espíritu. Perdonar libera al que perdona y al que es perdonado, nos quita un enorme peso de encima. Especial mención merece el no perdonarnos a nosotros mismos. Es una de las actitudes más destructivas. No es que nos drene energía, es que sencillamente desaparece prácticamente toda. Aceptar que nos equivocamos, naturalmente, y que muy posiblemente estamos siendo demasiado duros con nosotros mismos; hacernos conscientes de que lo que hicimos, bajo esas circunstancias y con el nivel de experiencia que teníamos, era lo único que podíamos o sabíamos hacer en ese momento. Aceptarlo, asimilarlo y perdonarnos, es la mejor manera de seguir adelante y recuperar nuestra energía.

Para los párrafos anteriores, me he basado en un texto atribuido al Dalai Lama.

. . . . . .

Se podría decir que es prácticamente inevitable tener que lidiar con situaciones y personas que nos ponen a prueba de muchas maneras. Todo lo mencionado en los párrafos anteriores nos roba energía, aunque bien es cierto que está dentro de nuestro campo de elección si permitimos o no que algo o alguien nos quite energía.

Hay quien dice que si enfocamos nuestra atención en lo positivo y nos sentimos bien, las situaciones negativas no aparecerán en nuestras vidas, porque no las atraeremos (Ley de Atracción), aunque por experiencia propia, yo diría que es prácticamente imposible aislarnos al cien por cien de cualquier tipo de situación negativa, por grande o pequeña que sea, porque convivimos con todo tipo de personas que nos traerán todo tipo de situaciones, lógicamente; y aunque es cierto que nos juntamos por afinidad o por tipo de vibración, la vida no está exenta de pasar por dificultades, situaciones difíciles o incluso fatalidades. Eso sí, la actitud con la que respondemos ante este tipo de situaciones, depende exclusivamente de nosotros.

En realidad, las situaciones negativas son las que nos fortalecen, las que nos proporcionan experiencia y sabiduría, las que nos hacen valorar la vida.

En cualquier caso, evitar en la medida de lo posible todo aquello que nos roba energía hará que dispongamos de más para superar las adversidades y disfrutar de los momentos felices; en definitiva, para vivir la vida… Naturalmente.

Fuerza Vital

Cuestión de integridad

SI

Si conservas tu juicio, aunque los demás
estén perdiendo el suyo, y te culpen de ello.

Si crees en ti mismo, aunque otros duden,
pero eres indulgente con sus dudas.

Si sabes esperar pacientemente
y, aun viviendo rodeado de mentira,
la mentira nunca está en tu boca.

Si eres odiado y no reaccionas con odio,
aunque no te muestres falsamente santo
ni finges al hablar mucho talento.

Si puedes soñar, sin que te domine el sueño,
y pensar, sin ser esclavo de la mente.
Si eres inmune al triunfo y al fracaso
y tratas a esos dos impostores del mismo modo.

Si escuchas tu verdad en otras bocas
que de ella se sirven para fines propios.

Si ves desmoronarse aquello por lo que has dado tu vida
y te inclinas para construirlo de nuevo
con tus herramientas gastadas.

Si puedes arriesgar cuanto ganaste
a una carta, y perder, y retirarte
y volver a empezar como si nada
y no pronunciar palabra sobre tu pérdida.

Si puedes forzar todo tu cuerpo,
corazón, nervios y músculos
para que te sirvan aunque ya no tengan fuerzas
y mantenerte firme cuando nada queda salvo la voluntad que dice: «¡Aguanta!».

Si hablas con las personas y conservas tu virtud,
si estás entre reyes y no pierdes tu integridad.

Si no pueden herirte tus enemigos
ni tampoco tus amigos.

Si todos ponen en ti su confianza
y ésta no queda nunca defraudada.

Si puedes llenar cada minuto implacable
con sesenta segundos que merezcan haber sido vividos…

Entonces, el mundo es tuyo, con todos sus tesoros,
y aún más… ¡alcanzarás la mejor y más íntegra versión de ti mismo!

Versión de Javier Martín del poema «Si», de Rudyard Kipling.
Rudyard fue un famoso poeta y novelista. Publicó entre otras obras, El libro de la selva.

Posiblemente si todos actuáramos siempre con integridad nos ahorraríamos muchos o quizá todos los problemas y situaciones adversas en el plano de las relaciones, porque seríamos honestos y sinceros con los demás, y más importante aún, seríamos honestos y sinceros con nosotros mismos.

En un mundo donde nos domina el miedo, fuente de todas las actitudes negativas, ser íntegro es la vacuna perfecta ante tanto despropósito.

 

Buena suerte, mala suerte… ¿Quién sabe?

Un buen día el granjero se dio cuenta de que había desaparecido su vaca de la dehesa y se fue a buscarla muy preocupado. Cuando empezaba la búsqueda se encontró con su vecino que le preguntó por qué iba con tan mala cara.

Cuando se enteró de que se había escapado la vaca, el vecino con gesto de resignación, exclamó:

—¡Qué mala suerte!

A lo que el granjero contestó:

—Buena suerte, mala suerte… ¿Quién sabe? Y se marchó a buscar su vaca.

Poco después encontró a su vaca pastando plácidamente en un lugar no muy lejano. Junto a ella había un extraordinario y bello caballo que al parecer no tenía dueño ya que no tenía marca alguna. Curiosamente se comportaba de manera dócil por lo que el granjero pudo llevárselo a su casa junto con la vaca sin problemas.

Al día siguiente el vecino vio la vaca en el patio del granjero junto al magnífico caballo. Le dio la enhorabuena al granjero y le preguntó por el nuevo animal. Éste le explicó que estaba junto a su vaca cuando la encontró y que parecía no tener dueño. Entonces el vecino dijo sonriendo:

—¡Qué buena suerte!

—Buena suerte, mala suerte… ¿Quién sabe? Replicó el granjero mientras se marchaba a comenzar su jornada de trabajo.

Esa misma tarde llegó el hijo del granjero. Era militar, y estaba aprovechando su permiso para ir a visitar a su padre. En cuanto vio al caballo trató de montar en él pero éste, aunque bastante dócil en apariencia, era salvaje y no tardó mucho en tirar al joven lo que provocó que se fracturase una pierna.

El vecino, que pasaba por allí y fue testigo de la caída del joven, corrió a buscar al granjero. Cuando terminó de explicarle lo sucedido terminó diciéndole:

—¡Qué mala suerte!

—Buena suerte, mala suerte… ¿Quién sabe? – Volvió a replicar el granjero.

Unos días después vino un representante del ejército a buscar al hijo del granjero porque había estallado de repente una guerra con el país vecino pero como el hijo tenía la pierna rota no pudo irse con sus compañeros soldados a la guerra. El vecino al enterarse de este incidente, exclamó:

¡Qué buena suerte!

Buena suerte, mala suerte… ¿Quién sabe? Contestó el granjero mientras atendía a su hijo.

Unos días después, durante la cena, el hijo se atragantó y el granjero no pudo sacarle el trozo de comida a tiempo, así que murió asfixiado.

En el funeral el vecino se acercó a consolar al granjero y le dijo con gran pesar:

—¡Qué mala suerte!

Buena suerte, mala suerte… ¿Quién sabe? Contestó el granjero mientras ponía con gran tristeza una corona de flores en la tumba de su hijo.

Unos días después el vecino se enteró de que el pelotón al que pertenecía el hijo del granjero había sido cruelmente masacrado en la guerra y fue a contárselo al granjero.

—Al menos tu hijo no murió de una forma tan espantosa y estuvo a tu lado en sus últimos días de vida… ¡Que buena suerte!

Buena suerte, mala suerte… ¿Quién sabe? Dijo afligido el granjero mientras continuaba con sus quehaceres…

Versión de Javier Martín de la fábula «Buena suerte, mala suerte».

En el transcurso de la vida múltiples situaciones y experiencias acontecen y nos ponen a prueba. Cuando es un acontecimiento que nos hace sentir mal lo calificamos como negativo. La mayoría de las veces permitimos que nuestras emociones califiquen el suceso como algo bueno o malo. Cuando lo calificamos como «malo», enfocamos nuestros pensamientos en esa recién nacida creencia desaprovechando así el conocimiento u oportunidad que puede albergar esa nueva y aparentemente negativa experiencia. Sólo el tiempo nos da la perspectiva necesaria para apreciar la bondad y necesidad de aquellos sucesos que nos hicieron sentir tan mal y también nos damos cuenta de si fuimos capaces de aprovecharlo.

Son las «malas» épocas las que nos invitan a superar nuestros límites o lo que creemos que son nuestros límites.  No sabemos cuán fuertes somos hasta que nos vemos en la necesidad de emplear nuestra fuerza al máximo. No somos conscientes de lo que somos capaces de hacer hasta que no hay otra opción que ir más allá de lo que solemos hacer.

Por eso es importante que ante una situación difícil o que nos causa dolor adquiramos la habilidad y el hábito de desapegarnos, de «dar un paso atrás» y contemplar la situación con la máxima perspectiva.

¿Qué es lo que cambia? ¿Qué puedo ver ahora que antes no veía? ¿Qué puedo hacer ahora que antes no podía? ¿De qué me estoy liberando? Son algunos ejemplos de preguntas que nos podemos hacer y que nos pueden ayudar ante una situación difícil o de cambio en nuestra vida. Prestando atención a los cambios que conllevan nuevas y difíciles situaciones, podremos comprender y entrever lo bueno que esconde.

Los problemas o las situaciones difíciles esconden oportunidades de crecimiento y superación personal.

La adversidad invita a cambiar. Y los cambios casi siempre dan miedo. El miedo a lo desconocido, a salir de nuestra zona de comodidad. Y lo cierto es que un cambio siempre cierra unas puertas, pero abre otras seguramente mucho más apropiadas para nuestro estado de evolución.

Por lo tanto es mejor no juzgar la situación por «mala» que nos parezca o por lo mal que nos haga sentir; es mejor que nos enfoquemos en lo que el cambio supone, darnos cuenta de en qué nos libera y a qué nos invita a hacer de nuevo.

De esta manera seguiremos avanzando y mejorando en esta extraordinaria aventura que es vivir.

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