Dic 05 2010

La Perseverancia.

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Una de las cosas que más me gustan de trabajar en una empresa basada en el modelo de distribución Marketing Multinivel, es que “obliga” a una constante superación personal si realmente se toma como lo que es, un negocio o trabajo serio y de gran potencial, del cual se obtienen resultados proporcionales al grado de implicación.

La cualidad que muy probablemente sea la madre de todas las que se van desarrollando durante esta actividad, es la perseverancia.

Ahora bien, para que esta cualidad no se convierta en una actitud sin sentido, es absolutamente necesario tener un propósito, un por qué, planificar unos objetivos intermedios para lograr una serie de metas, hasta alcanzar el máximo logro que nos propongamos.

En la Vida admiramos a las personas que “llegan lejos”, admiramos a las personas que se fijan un objetivo y lo consiguen. Siempre son personas tenaces que saben lo que quieren y no se rinden hasta conseguirlo. Para ello, muy probablemente han tenido que superar diversos obstáculos en el camino hacia su meta, han superado adversidades y han tenido momentos de debilidad… La única diferencia entre estas personas y las que no consiguen lo que se proponen, es la perseverancia.

Un buen truco para superar los baches que puedan surgir, las “fuerzas mermadas” cuando todo parece ponerse en nuestra contra, es el por qué del que hablé antes. El por qué o para qué hacemos lo que hacemos. En el caso de trabajar en una empresa multinivel, tal vez quieras conseguir unos altos ingresos por tu familia, por ti mism@, o quieres tener un tipo de vida al alcance de unos pocos privilegiados, etc., etc.

Una de las causas más frecuentes por las que se fracasa en la consecución de cualquier meta o empresa es la costumbre de abandonar cuando nos sentimos frustrados. A todos nos ha pasado en algún momento de nuestras vidas. Hay una historia que ilustra muy bien esta circunstancia:

En el antiguo Oeste estadounidense, un buscador de oro marchó a aquel lugar a buscar el codiciado metal. Después de varias semanas cavando y buscando en el mismo lugar, tuvo su recompensa al encontrar una veta de mineral brillante. Como necesitaba más y mejor maquinaria para seguir cavando, pidió dinero a familiares y amigos, compró lo necesario y continuó con su tarea. Resultó ser una gran  mina. Consiguió más mineral valioso, y ya poco le faltaba para conseguir lo necesario para cubrir el dinero que le habían prestado. De repente, dejó de aparecer mineral valioso. Siguió y siguió perforando, pero finalmente se dio por vencido. Vendió la maquinaria al chatarrero por muy poco dinero, y se marchó. El chatarrero contactó con su hermano, ingeniero de minas, el cual, después de reconocer el terreno, le informó de que el proyecto anterior había fracasado porque el anterior buscador no estaba familiarizado con las vetas falsas. Sus cálculos concluyeron que la veta reaparecería aproximadamente un metro más adelante.  ¡A un sólo metro de donde se había dejado de cavar!

La moraleja está clara.

Cuando nos veamos en una situación de desesperación y con ganas de tirar la toalla, debemos recordar qué es lo que nos motivó, el por qué de hacer lo que hacemos. Esto es válido evidentemente para cualquier proyecto que realicemos en la Vida. Jamás rendirse. Debemos ser conscientes de que antes de lograr una meta, las contrariedades y los traspiés son parte natural del proceso.

No está de más, incluso es recomendable, apuntar en un papel el por qué de lo que hacemos, lo que nos mueve, y releer esa nota siempre que nos encontremos en un momento de bajón. O incluso leerla en los mejores momentos para reforzarnos.

La perseverancia, como cualquier otra cualidad, se puede desarrollar tanto como queramos. Como siempre, depende de qué creemos que podemos hacer y de si queremos hacerlo.

Perseverar siempre tiene recompensa. Aprender a no ceder ante estímulos negativos, es esencial. Los estímulos negativos pueden venir de las circunstancias que no siempre son propicias, como es natural; pueden venir de personas que no creen en nuestro proyecto y nos “extraen” la energía enumerándonos e incluso razonando los motivos por los que estamos supuestamente “equivocados”, etc. Debemos aprender a despejar la mente de polvo y paja, a tener el foco, el objetivo bien definido y no perderlo jamás, pase lo que pase.

Actuando así, de forma positiva, proactiva e inmunizada a cualquier estímulo negativo, pero sobre todo, siendo perseverantes, tendremos todas las posibilidades de lograr nuestras metas.

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