May 02 2012

Tú eliges.

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Tuve la suerte de conocer al señor Guzmán en un hospital realizando labores de voluntariado pasando el tiempo con niños enfermos de cáncer. Nunca antes había visto a una persona que transmitiese tanta serenidad y bondad.

Me resultaba incomprensible que a algunas personas, muy pocas, no les cayera bien. Quizás no eran capaces de asimilar que hubiera alguien tan sumamente positivo y con una paciencia a prueba de bombas. Y es que las situaciones que nos tocaba vivir en el hospital con los niños enfermos podían destrozar la moral de cualquiera. Algunos niños estaban tan mal que a veces no los volvíamos a ver al día siguiente. Sin embargo, el señor Guzmán siempre ofrecía una mirada serena y una agradable sonrisa, y en cualquier circunstancia tenía palabras y gestos amables para todo el mundo, incluso para aquellos que no se portaban bien con él.

Un día no pude más y le pregunté cómo podía tener siempre esa actitud tan positiva. Él, tan gentil como de costumbre, me respondió:

– “Bueno… Yo también tengo mis momentos bajos, ¡soy un ser humano!” – dijo sonriendo como siempre. – “La diferencia es que cada vez que estoy a punto de rendirme ante las circunstancias, me digo a mí mismo que puedo elegir entre ser víctima y lamentarme sin hacer otra cosa, o puedo tomar las riendas de mi vida, haciendo todo lo que esté en mi mano para mejorar la situación. Siempre puedes elegir tu actitud. Siempre puedes elegir, amigo mío, entre lo positivo y lo negativo”.

Confieso que inicialmente sus palabras me parecieron obvias, pero su mensaje era muy importante y la mayoría de las personas no tenemos en cuenta este punto de vista.

Seguía sin comprender cómo podía adoptar siempre una actitud positiva, así que indagué más.

– “¿Usted siempre ha sido tan positivo, señor Guzmán?”

Nada más hacerle la pregunta, me miró… pero sus ojos parecían estar en otro lugar. Por primera vez, vi un gesto serio dibujado en su rostro.

– “No. No siempre era tan positivo. Hace unos años me pasó algo muy dramático que hizo de catalizador para que mi actitud mejorase. Tuve un accidente de tráfico en el que pude morir… Quien falleció fue… mi amada mujer. La quería más que a mi propia vida, lo era todo para mí.

El coche quedó destrozado por el impacto, y mi alma fue golpeada mucho más duramente que mi cuerpo, cuando observé con impotencia cómo mi mujer apenas podía respirar y a pesar de eso me miraba con dulzura mientras me decía en un susurro que… todo saldría bien…”.

Me sorprendí muchísimo al ver cómo el semblante siempre alegre del señor Guzmán había desaparecido por completo, y por primera vez pude ver en su rostro reflejada una enorme tristeza. Quise pronunciar unas palabras de ánimo, pero el nudo en la garganta que sentí al notar tanto sufrimiento en aquel hombre noble y bueno, me lo impidió. Él, aparentemente consciente de mi incapacidad momentánea para articular palabras, siguió contando su triste historia:

– “‘Todo saldrá bien’. Eso me dijo mi amada… Nunca olvidaré esas palabras. Cuando al fin consiguieron sacarnos de entre los amasijos del coche, y escuché a los médicos certificar su muerte, yo me quise morir en ese instante. Ya nada me importaba. Nada de lo que hubiera en este mundo podía tener sentido para mí. Quería morir e irme con ella. Fue entonces cuando uno de los médicos dijo que era necesario llevarme lo antes posible al hospital. Recuerdo que entre susurros yo decía una y otra vez que no quería vivir. Segundos después, perdí el conocimiento.

Desperté completamente aturdido y sin recordar nada en una habitación iluminada por una intensa luz natural que entraba por una amplia ventana. Una amable voz femenina me saludó y empezó a explicarme la situación. Se trataba de una enfermera que rápidamente llamó al personal del hospital para que me examinaran. Le pregunté qué hacía yo allí. La enfermera me contó que había tenido un accidente hacía varias semanas. Nada más escuchar esas palabras, pregunté por mi esposa, y cuando vi la expresión en la cara de la enfermera… recordé…

Me dolía tanto el alma que no podía llorar. La desolación que sentía era absoluta, y comencé a preguntarme qué hacía yo en el mundo, porqué se me había perdonado la vida…

Entonces, la enfermera dijo:

– “Todo saldrá bien”.

No hay palabras para describir lo que sentí al escuchar esta frase tan trivial, la misma que pronunció mi mujer pocos segundos antes de fallecer. En ese momento, fue cuando… Elegí. Elegí vivir, elegí tener siempre una actitud positiva… Como te decía antes, las circunstancias son las que son, amigo mío, pero mi actitud es mía, sólo mía. Yo elijo, y elijo la Vida, elijo actuar en positivo y trabajar para mejorar las circunstancias. Elijo amar y servir a los demás. Porque quiero contribuir activamente a que se cumpla.”

– “¿Que se cumpla qué?” – pregunté aún aturdido por la historia y sin ver lo evidente.

– “Que todo salga bien. “ – Me dijo el señor Guzmán, retornando a su habitual y agradable sonrisa…

Historia original de Javier Martín.

6 comentarios

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    • Mariola on domingo, 18, agosto, 2013 at 1:07
    • Responder

    …….TODO SALDRÁ BIEN……
    Todo es perfecto para mi mayor bien…..Gracias por compartirlo me ha gustado mucho…..

    Siempre pienso que la Esperanza es una cualidad que da al ser humano la capacidad de seguir adelante….incluso cuando todo parece terrible e imposible de cambiar (para ntra.mente ), este aspecto nos da nuevas energías e impulso para transformar nuestras vidas….Pero leyendo lo que escribes, me recuerda otro aspecto de la Esperanza, un aspecto activo y generoso del amor al otro, hacer lo posible para que todo le vaya bien…..
    Un gran abrazo amigo.Gracias por recordarme que nuestra gran elección es el Amor.

    1. Me mucho alegro de que te haya gustado, Mariola 🙂

      El amor incondicional a las personas, dar generosamente, sin esperar nada a cambio, sin duda contribuirá a que “las cosas vayan bien”.

      El día en que la mayoría de las personas de este mundo comprendan que todo y todos estamos conectados, que lo que hacemos a los demás nos lo hacemos a nosotros mismos, que todas las personas son nuestros espejos… Ese día, comenzará una nueva era.

      ¡Un fortísimo abrazo!

    • matilde on martes, 15, mayo, 2012 at 6:10
    • Responder

    Todo saldrá bien, bonita palabra, como la foto mientras leía se derramaban lágrimas por mi rostro, Preciosa reflexión

    1. Me alegro de que te haya gustado Matilde 🙂

      ¡Un abrazo!

  1. Una historia preciosa. Me he quedado sin palabras después de leerla porque así quiero yo a mi “niña”. Imagino que si tuviese la desgracia de que me sucediera lo que al Sr. Guzman me sentiría exactamente igual que él. Afortunadamente no he tenido ningún accidente, lo que si estoy tratando por todos los medios que están al alcance de mi mano es cambiar mi actitud ante los acontecimientos que me van sucediendo en la vida.

    1. Una parte de la inspiración para escribir esta historia viene por las conversaciones que hemos tenido últimamente, tú ya sabes, así que me alegro inmensamente de que te haya gustado tanto, y espero que puedas hacer parte de ti el valioso mensaje que contiene.

      Amigo mío, como cuento en esta historia, recuerda que… TÚ ELIGES.

      Y tú eres tremendamente afortunado en lo que más importa: familia y amigos/as que te queremos y apoyamos.

      ¡Un fuerte abrazo hermanico!

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