¡FELIZ NAVIDAD 2014!

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OTRA CANCIÓN DE NAVIDAD

Has sido un hombre sincero,
recto y bueno, nunca ruin.
Ni fuiste vil ni grosero,
has caminado un sendero
en que hoy crece el alhelí.

Digno de un premio te creo
y por haber sido así,
si te concedo un deseo…
¿Qué me pedirías? ¡Di!

– ¡Me sentiría tan honrado
por tu generosidad!…
¡¡Querría un número premiado
en el sorteo de Navidad!!

Cambiaría mi situación…
Sería mi compromiso
transformar en paraíso
una vida de aflicción.

A todos los que he querido
les cortaría el resuello
al comprarles todo aquello
de lo que nunca han tenido:

A mi mujer, la mejor,
un collar de oro de ley,
y para mi hijo el menor
una Xbox o una Play.

Un vestido plateado,
para mi hija preciosa,
y dos zapatos dorados.
Para el mayor otra cosa:
¡un Ferrari Testarosa!,
que es lo que siempre ha soñado.

Los abuelos vivirán
en el ambiente más sano:
en invierno junto al mar
y en la montaña en verano.

A mi sobrino la beca;
más daría al necesitado;
pagaría la hipoteca
de los que me piden prestado.

– ¡¿Regalos a tutiplén?!…
No es más rico el que más tiene…
Mas mereces todo el bien…
¡Sea! Hasta el año que viene.

Pero llegó el veintidós:
ningún décimo premiado.
A tantos planes… ¡adiós!
Adiós a lo más soñado…

II

– Un año más ha pasado
y es mayor tu compasión.
Si te concediera algo…
¿Cuál sería tu petición?

– Lo que hace un año pidiera
cuando tú me lo ofrecías,
sigue en estado de espera:
¡El Gordo en la Lotería!

Les cambiaría la vida
a los de mi alrededor…-
Y así el hombre repetía
sueños del año anterior.

– ¡Sea también este año!-
Pero al llegar el sorteo
sucedió igual que antaño:
en un pozo sus deseos,
el pozo del desengaño.

III

Y así, antes de Navidad,
desde la primera vez,
la luz, en la oscuridad,
le alababa su honradez.

“Cada Navidad colmada”,
le susurraba la luz;
y el hombre se lamentaba
“Nunca cara… ¡siempre cruz!”

Cada Navidad un sueño
se le ofrecía seguro…
Cada deseo navideño
se estrellaba contra un muro.

Y aunque el engaño doliera
sonreía al día siguiente,
volviendo a ser el que era,
dándose a toda su gente.

Siendo de amigos festejo,
siendo el sol para su esposa,
para sus hijos, espejo…
¡De todos poesía en prosa!

Año tras año volvía
la luz pura y plateada.
“¿Será esta vez?”, se decía
con una fe duplicada…
Y año tras año sentía
que su fe era burlada.

¡Qué gran hombre! ¡Tan discreto,
generoso y bienhechor!
¡Pobre hombre, que es objeto
de un anual sinsabor!

IV

Ya la última pavesa
se enfriaba en el fogón.
La sombra se hacía espesa
en toda la habitación.

Se acababa el veintiuno
bajo la luna invernal,
y el frío daba importuno
desde fuera en el cristal.

Su mujer dormía en la cama.
Él mostraba lo inusual
de dos lágrimas de drama
temblando en el lagrimal.

No era que ya no pudiera,
en la nueva Navidad,
darle un regalo cualquiera
aun sin ser de calidad…

Y no era que hoy sus manos
se descubrieran vacías
sin alegrar ya los días
a amigos, hijos y hermanos.

Era la señal tardía
de un prolongado fracaso;
la gota final que hacía
que ya rebosase el vaso.

Un vaso que estaba lleno
de amargor y sordo daño,
en el que ahogaba el veneno
de la crisis de ese año.

El vaso de la derrota
que, a pesar de su energía,
crecía con cada gota
del revés del día a día.

Ve que el tiempo se le agota
y cae en el suelo de hinojos…
Ahora ya esa última gota
es la que tiembla en sus ojos.

De pronto, una luz albina,
como surgiendo del techo,
cálida, suave y divina,
ilumina todo el lecho…

– Has vuelto a ser el mejor
por ser el más servicial,
daré a tu deseo color
porque Yo lo haré real.

– ¿Y otra vez te burlarás?
Años ha que te lo pido
y aunque siempre has consentido
luego nunca me lo das.
¿Te ríes de mí, quizás?
¿Por qué jamás has cumplido
mi deseo? ¡¿Por qué jamás?!

– ¡Pero si te he concedido
todo lo que me has pedido!
Viste a tus hijos crecer
sanos y muy bien nutridos,
cambiando gustos de ayer
por otros que han compartido.
Tu hija quería vestidos,
y hoy ya los luce mujer.

Has enjoyado a tu esposa
con tres enormes diamantes:
tres hijos la hacen dichosa
pues hoy brillan rutilantes.

¿Y no querías que ningún
mal sufrieran los abuelos?
Pues ahí los tienes aún,
su salud era tu anhelo.

Y ayudaste a tu sobrino
cuando estudió su carrera,
¡y por ti algunos vecinos
hoy conservan su vivienda!

Te di el más preciado bien,
renovado año tras año,
para que TÚ fueras quien
obrase todo el milagro:
Te di SALUD y también
se la di a tus allegados.

Él miraba aún hacia arriba
cuando la luz ya no estaba,
sin lágrimas en sus pupilas
y una perpleja mirada.

V

– ¡Mil seiscientos diecisiete!…
– ¡Miiil euros!…
Entonaban
dos vivarachos chiquetes,
mientras al tiempo insertaban
las bolas en su juguete.

– ¡Cuarenta mil veintitrés!…
– ¡Miiil euros!…
En su salón
ésta es la primera vez
que lo ve en televisión
sin un ardiente interés.

– ¡Veintidos mil ciento nueve!…
– ¡Miiil euros!…
No está afligido.
Sin décimos, se entretiene
realmente agradecido
de poseer lo que tiene.

– ¡Diecisiete mil quinientos dos!..
– ¡¡¡Tres millones de euros!!!
– Sí,
alguien, ¡bien lo sabe Dios!,
va a hacer a otro alguien feliz.
Se decía en su interior.

El móvil de pronto suena…
el fijo empieza a sonar…
y siguiendo la cadena
alguien llama en el portal.

Descuelga, abriendo la puerta…
¡gritos que le dejan sordo!…
– ¡¡Despierta, Ángel, despierta,
que nos ha tocao’ el Gordo!!

– ¿Qué?
Otros suben la escalera
con tres o cuatro zancadas,
le cogen, le llevan fuera
con sonrisas y en volandas.

– ¿Adónde vamos? ¿Qué os pasa?
– Lo que uno siempre sueña:
¡el Gordo!, que ya está en casa,
que ha caído en nuestra peña.

– ¿Es cierto? ¡Oh! ¡Qué alegría!
¡No me lo puedo creer!
¡Qué pena que yo este día
me lo tenga que perder!

¡Para una vez que no juego!…
¡No importa! De todos modos
ha caído a gente que quiero…
¡Cuánto me alegro por todos!

¡Pero más delicadeza!
Vayamos en condiciones,
que os acepto las cervezas
mas sobran los empujones.

Los tres amigos seguían
con la sonrisa en la cara,
y con zancadas que hacían
que el ritmo se acelerara.

Pero al doblar una esquina
se paran todos de pronto:
¡más gente que la de China
formando allí un medio corro!

Le miran muy agitados
con esa misma sonrisa
de los que le habían llevado
hasta allí con tanta prisa.

Y él les mira sorprendido…
¡Habría lo menos cien!,
y los ha reconocido
pues los conoce muy bien.

Se adelanta una señora…
– ¡Cuánto tiempo he deseado
poder vivir esta hora
que, por fin, nos ha llegado!

Toda esa deuda que tienes…
Mi marido está en tu banco
devolviéndote los bienes
de tantos y tantos años.

Y al igual que cuando alcanza
la chispa a la seca mecha,
desde el grupo se abalanzan
cien sonrisas satisfechas.

– Llévate este móvil… ¡prueba!
– Viaje de cinco a la playa…
– Este collar es para Eva…
– Espero que sea de tu talla…

El enjambre de regalos
se abrió con gran regocijo
cuando llegaron sus hijos
con un llavero en las manos.

Tras los primeros abrazos
y continuos lagrimones,
cogiéndole por el brazo
el mayor le dijo entonces:

– ¡Es que esto parece un cuento!
¡Cuántos días con sus noches
he esperado este momento!
Aquí tienes, papa… un coche,
gracias por ser nuestro ejemplo.

Sus lágrimas se vertían
Llenando esta vez un vaso
de contento y de alegría
y nunca más de fracaso.

Alzó la vista hacia el cielo
y entre lágrimas de gozo
volvió a sacar de aquel pozo
todos sus viejos anhelos.

Y al mirar justo a la paz
del lugar donde se sueña…
percibió un guiño fugaz
de la estrella navideña.

FELIZ NAVIDAD.

El cuento que acabas de leer está escrito por Paco de Benito Prous, una persona a la que admiro por muchos motivos, especialmente porque piensa en los demás y toma acción para ayudar… Él es un gran Amigo.

Muchas gracias otra vez, Paco, por tu maravilloso cuento, y por querer compartirlo en NeoParadigmas.

Lo dicho: ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

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