¿Tienes la taza llena?

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Cuenta la leyenda que un hombre extraordinariamente erudito y con gran experiencia de vida, fue a visitar a un gran maestro Zen porque quería aprender todo lo que aún no sabía acerca de esta filosofía.

Después de presentarse, el erudito le contó al maestro que había pasado toda su vida estudiando, incluso cuando le tocó servir a su patria como guerrero. Le expuso con gran lujo de detalles toda la historia conocida del Zen, y acto seguido le pidió al maestro que compartiese con él los secretos que él desconociera.

El maestro sonrió, invitó al erudito a sentarse y le ofreció té. Le pidió que le explicara de nuevo porqué quería aprender Zen, y el erudito comenzó de nuevo a darle una detallada explicación de sus motivos y de la historia del Zen.

Mientras el erudito explicaba de nuevo todo lo que sabía, el maestro le dio una taza, y mientras éste la sostenía en sus manos, el maestro empezó a echar el té hasta el punto de rebosar la taza y acto seguido, el plato, mojando y quemando al erudito.

¡Pero qué hace! ¿¡No se da cuenta de que ya está la taza llena!? – Gritó dolorido y confuso el erudito.

En efecto, la taza está llena y no cabe más té, por eso desborda, lógicamente. Es justo lo mismo que le pasa a usted con su mente. Tiene la mente llena de datos y prejuicios. Por eso, no tiene cabida para aprender Zen. Ni nada más.

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A todos, en menor o mayor grado, nos pasa lo mismo que al erudito de esta historia: tenemos la mente llena de ideas, de datos, de prejuicios… y por eso a veces nos “desbordamos” cuando una nueva idea, paradigma o modo de hacer las cosas, aparece en nuestra vida.

Y es que no hay peor cosa que creerse sabedor de todo, como un “perro viejo” que ya no acepta nuevos trucos.

En algún momento podemos perder la capacidad de sorprendernos, de ver las cosas desde una perspectiva de “sana ignorancia”, o lo que es lo mismo, ignorando lo que creemos que sabemos de la vida, de las personas y de las cosas, de tal modo que concedamos el beneficio de la duda a algo que puede ser interesante.

Quizá no consista en “vaciarnos” de todo lo que sabemos, sino de ir sustituyendo viejos e inservibles paradigmas por otros nuevos y útiles. Algo así como vaciar la taza según nos vaya haciendo falta. O quizás haya que tener más de una taza y contrastar el contenido de cada una hasta encontrar el que más nos guste o interese.

En cualquier caso la actitud más inteligente es conocer las cosas y las personas a fondo sin dejarnos guiar o llevar por prejuicios, por lo que creemos que sabemos o por lo que digan los demás. Porque tal vez detrás de lo que tenemos delante haya una oportunidad real, algo maravilloso que quizá no aceptamos porque nuestra experiencia y conocimientos ocupan todo el espacio de nuestra taza.

Es algo para reflexionar y hacer un autoexamen riguroso. Porque todas las personas sin excepción en algún momento nos hemos dejado llevar por nuestros prejuicios. Por nuestra “taza llena”.

Ya lo dijo Albert Einstein:

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio…

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