El cuervo y la Muerte.

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Esta fábula es la continuación y conclusión de “El lobo y la rosa” (presiona aquí para leerla).

Una vez más, el invierno se apoderó del precioso bosque de al lado del pueblo.

Como cada amanecer, el cuervo estaba de visita en el lugar donde su amigo el lobo había fallecido. Ya había pasado un año desde el fatal desenlace y cada día iba allí a rendirle tributo. Aún no entendía por qué su amigo se había sacrificado por una flor que acababa de conocer. Se lamentaba profundamente por no haber estado más pendiente de él porque pensaba que tal vez hubiera podido evitar que perdiera la vida.

Igual que los demás inviernos, casi todos los animales se habían marchado del bosque y a otros la Muerte había puesto fin a sus vidas. Como cuando el lobo vivía, cada día el cuervo se reunía con ella y la acompañaba. Entre ambos había una extraña pero bonita relación. Hablaban mucho, y por supuesto se hacían mucha compañía. El cuervo intentaba muchas veces sonsacar a la Muerte acerca de cómo era la vida después de fallecer, pero ella sonreía y le decía que no podía contárselo, que lo tenía que descubrir por sí mismo llegado el momento.

La Muerte no podía ayudar al cuervo a conseguir comida como hacía el lobo, pero le alentaba a seguir adelante. En todo ese tiempo que compartían, muchas veces el cuervo era testigo de cuando la Muerte ponía fin a la vida de los animales moribundos por el frío o los que simplemente les había llegado su hora.

El cuervo era consciente de que ya era muy viejo y le aquejaban diversas dolencias debido a su edad. Con frecuencia imaginaba que cuando falleciese su amigo el lobo le estaría esperando. Estaba seguro de que sería así.

“Dama oscura, te conozco desde hace bastante tiempo, y sé que a pesar de las apariencias eres un ser de gran belleza. He sido testigo incontables veces del momento en el que quitas la vida, y sé que lo haces con un respeto absoluto, pero sobre todo con una bondad y amor inconmensurables.” – Le dijo el cuervo a la Muerte. – “Desde que tuviste que poner fin a la vida de mi amigo, he sido más consciente de que mi hora cada vez está más cerca, porque además ya soy muy viejo y me siento bastante débil. ¿Me podrías decir cuándo…?”

Antes de que el cuervo pudiera continuar, le interrumpió la Muerte.

“Mi labor es esencial porque alimenta el eterno ciclo de la Vida, es así desde que este universo nació. El tiempo que hemos compartido es apenas un parpadeo en mi larguísima existencia, pero… desde que Soy, nunca había tenido unos amigos como el lobo y tú. Especialmente tú, cuervo. Lo que siento por ti me hace temblar cada vez que pienso en el instante en el que he de quitarte tu aliento de vida en este plano de la existencia… Gracias al lobo, pero en especial a ti, me he sentido apreciada, comprendida… querida. Sin duda es una ironía del Destino que me preguntes ahora por tu muerte, porque hoy, hace unas horas, debí hacer que partieses al otro lado, porque es tu hora… Pero no puedo… no quiero… quitarte la vida…”

Los instantes de silencio tras estas palabras parecieron eternos. El cuervo se estremeció al notar el enorme sufrimiento de su amiga la Muerte y sintió compasión por ella. De repente, se dio cuenta de que él también la amaba.

“Nunca estuve seguro de lo que significa amar, ni siquiera cuando mi amigo el lobo se sacrificó por aquella rosa. Ahora gracias a ti, lo he podido entender… Me has regalado un poco más de tiempo de vida, y lo que es más importante, gracias a ti he comprendido lo que significa el amor, he tomado conciencia de que en realidad sí he amado y he sido correspondido. Precisamente por eso no puedo ser yo quien provoque que vayas en contra de tu propia naturaleza, no puedo permitir que vayas en contra del ciclo de la Vida por mí. La Vida y tú sois las dos partes de un todo…”

Por primera vez en su eterna existencia, brotó una lágrima de los ojos negros azulados de la Muerte.

“Creo que tú mejor que nadie sabes que de alguna manera mi esencia siempre estará contigo. Por favor, haz tu labor conmigo para que puedas ser fiel a tu naturaleza y a la Vida.”

El cuervo se acercó lentamente a la Muerte, consciente de que su más mínimo roce pondría fin a su vida. Ella lo abrazó por primera y última vez…

Cuando su alma salió de su cuerpo, el cuervo sonrió al comprobar que tenía razón en sus suposiciones: el lobo estaba esperándole con una gran sonrisa.

Epílogo

Al día siguiente, al amanecer, la Muerte fue al lugar donde todos los días el cuervo iba a rendir tributo a su amigo el lobo. Por primera vez en su larguísima existencia y aunque ella encarna el fin de todos los ciclos de vida, había tomado conciencia de la importancia de la aceptación y de dejar ir…

Historia original de Javier Martín. 

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